A la insólita irrupción de Florentino Pérez para anunciar que convoca elecciones a la presidencia del Real Madrid Club de Fútbol, los medios le han dado una importancia que va más allá del asunto estrictamente deportivo, no solo porque Pérez haya hecho el ridículo con sus paranoias, sino porque ha mostrado debilidad y vulnerabilidad el hombre que controla y domina los poderes del Estado con el estilo despótico que ha puesto en evidencia.
Un cierto capitalismo monopolista de Estado determina el funcionamiento de las instituciones más allá de la voluntad democrática expresada por los ciudadanos. Independientemente de qué partido gobierne, las grandes infraestructuras del Estado y buena parte de los servicios públicos son sistemáticamente adjudicados a una oligarquía de la que ACS (Actividades de Construcción y Servicios), el grupo de empresas de Florentino Pérez, es miembro principalísimo. El palco del Bernabéu es factor principal del sistema, en tanto que punto de encuentro de todos los que participan en el negocio del Estado: políticos, jueces, periodistas, policías y, por supuesto, el rey.
Hasta ahora nadie se atrevía a llevar la contraria a Florentino Pérez. Era un personaje temido, porque todo el mundo era consciente de su poder y de su capacidad disuasoria contra cualquier adversario crítico. Sin embargo, la derrota deportiva del Real Madrid, pero sobre todo su reacción temerosa ante la aparición de posibles contrincantes —una convocatoria electoral desesperada—, ha puesto de manifiesto que el gran Florentino duda de sí mismo. Y eso vale para el fútbol y para todo lo que afecta al personaje. Es como cuando del rey Juan Carlos solo trascendían elogios y se ocultaban las miserias. Llegó el momento de un asunto menor, la cacería de elefantes; la olla se destapó y en cuatro días todo se fue al traste.
En todo caso, lo importante es cómo afectará a partir de ahora la deriva personal del Florentino hombre-Estado, que, por cierto, comenzó su carrera como hombre de negocios en Badalona. En 1983, Miquel Roca i Junyent, entonces portavoz de Convergència i Unió en el Congreso de los Diputados, anunció la fundación del Partido Reformista Democrático, de perfil centrista, del que sería secretario general un funcionario todavía poco conocido, llamado Florentino Pérez Rodríguez. Y quizá gracias a las amistades catalanas, Pérez encontró ese mismo año la oportunidad de negocio de su vida. Construcciones Padrós, con sede en Badalona, se encontraba en fase de quiebra, y Florentino Pérez la adquirió por el simbólico precio de una peseta. La empresa strictu sensu tenía poco valor, pero Padrós era una constructora registrada y habilitada para asumir contratos de obra pública. Estaba inscrita en el registro oficial de contratistas del Estado. A partir de ahí, todo ha sido cuestión de ganar concursos y licitaciones, la gran especialidad de Florentino Pérez, que lo ha convertido en el principal oligarca español haciendo beneficios siempre procedentes del erario público. A medida que ganaba adjudicaciones, Florentino absorbía nuevas empresas —Ocisa, Ginés Navarro, Auxini, Dragados, etc.— para asumir los encargos de mayor envergadura.
ACS lo puede hacer todo: aeropuertos, carreteras, líneas ferroviarias de alta velocidad, hospitales y edificios públicos, obras hidráulicas, infraestructuras energéticas, metro y transporte urbano…, pero también contratos de limpieza, de mantenimiento o incluso el cáterin en las escuelas. No hace falta saber hacer nada de todo eso, solo se trata de ganar el concurso. El trabajo después se subcontrata o lo asume una UTE (Unión Temporal de Empresas), donde se incorporan los técnicos que supuestamente entienden lo que hay que hacer.
ACS ha sido durante décadas el principal adjudicatario de obra pública, tanto cuando gobernaba el PSOE como cuando ha gobernado el Partido Popular, pero lo más significativo ha sido cómo los diferentes gobiernos se han plegado a las exigencias de Florentino con contratos leoninos que han acabado pagando los contribuyentes. ACS factura miles de millones por hacer una obra y es indemnizada con otros miles de millones cuando el proyecto fracasa.
Las autopistas radiales de Madrid no tuvieron los beneficios previstos y fueron rescatadas con más de 2.000 millones de euros públicos. La construcción de un almacén de gas frente a las playas de Alcanar y Vinaròs, el proyecto Castor, resultó un desastre para el erario público y un magnífico negocio para Florentino Pérez. El encargo lo hizo un Gobierno socialista con una inversión prevista de 1.350 millones de euros. El proyecto tuvo que cancelarse por la cantidad de terremotos que provocó en las Terres de l’Ebre y el Baix Maestrat. La obra se hizo mal, pero el Gobierno, en este caso del PP, reclutó a los principales bancos para que adelantaran la indemnización, que en principio debía ser de 1.350 millones de euros, pero que, contando costes financieros, se ha calculado que ascenderá a 4.700 millones, que tendrán que pagar los consumidores de gas. Jugando con las cartas marcadas, nunca se pierde ninguna partida.
Vale la pena recordar y denunciar que algunos ignorantes observaban, como causa del déficit fiscal catalán, el dinero público que sufragaba el PER en Andalucía. ¡Cómo se puede ser tan tonto y equivocarse tanto de adversario! El dinero del Estado nunca se lo quedan los pobres. El PER apenas llega a 250 millones al año. Es calderilla comparado con el botín que acumulan Florentino Pérez y sus empresas, que se han podido expandir sobre todo en el continente americano y que en conjunto facturan 50.000 millones de euros al año.
El Estado se gobierna no como le interesa a la gente, sino como quiere Florentino, principal referente de las élites extractivas que, gobierne quien gobierne, se enriquecen con el BOE a costa de los presupuestos del Estado y lo maquinan y celebran en el palco del Bernabéu
El Estado se gobierna no como le interesa a la gente, sino como quiere Florentino, principal referente de las élites extractivas, contrarias a cualquier ideal capitalista, porque están determinadas a enriquecerse sin correr ningún tipo de riesgo, solo con el BOE y los presupuestos del Estado, que, por cierto, cuando hace falta, incluso incorporan lo que en la jerga parlamentaria se llamaba la enmienda Florentino.
Florentino Pérez ha convocado elecciones en el Real Madrid porque se ha visto vulnerable, y lo ha hecho de la misma manera que el dictador convocaba referéndums contra la confabulación judeo-masónica. Aquello era un régimen… y esto también.