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¿Qué es raro y qué es normal? El mismo objeto, la misma persona, la idéntica circunstancia vista desde prismas distintos puede ser considerada una cosa o la otra. Y probablemente, aunque no siempre, ambas partes tendrán razón, al menos un poco. Que una publicación decida llamarse Rara ya es una declaración de intenciones, un generar debate desde el inicio. Una reivindicación de los márgenes, donde acaba lo infrecuente y empieza lo convencional (y aquí también habríamos podido añadir un interrogante final). Esta bisagra de papel —complementaria y contradictoria a la vez— acaba de ser galardonada y el próximo miércoles, en la Aliança del Poblenou de Barcelona, recibirá el premio a mejor diseño editorial de revista, un hecho que, si tenemos en cuenta su calidad y pese a que parezca rebatir su propio nombre, no es nada raro.

La entrega será durante la 26.ª edición de la Nit de les Revistes i la Premsa en Català, que organiza la Associació de Publicacions Periòdiques en Català (APPEC), entidad con más de cuarenta años de historia. Menos recorrido tiene nuestra protagonista de hoy, nacida en 2022, pero en poco tiempo y con solo cinco ejemplares —uno por año— ha sabido hacerse un hueco entre las cabeceras de referencia del país. La ocurrencia hizo eclosión desde Surtdecasa, un digital de cultura de proximidad, arraigado en el Ebre, que además de empujar otras propuestas, rutas y diálogos y convertirse en una cooperativa, ha dado el salto a formato físico con Rara, a iniciativa de sus impulsores: la planera Anna Zaera y el igualadino Roger Mula. Una bonita paradoja: aparecer como digital —etéreo— y crecer con múltiples formas —desde lo tangible— porque sí: la revista es para ser palpada, con los dedos, no solo leída, con los ojos, casi como quien ama en braille.

La revista 'Rara' es para ser palpada, con los dedos, no solo leída, con los ojos, casi como quien ama en braille, y acaba de recibir el premio a mejor diseño editorial

Poniendo el diseño como eje central, Rara ha conseguido tener una identidad visual singular que la convierte en una edición casi de coleccionista: nunca sabes qué secreto encontrarás. Al abrirla se te muestran todo tipo de artefactos, digámoslo así, que forman una argamasa que amplifica su contenido: páginas recortadas, postales cosidas, hojas más pequeñas que simulan una carta manuscrita, colores, texturas, tipologías. Una cuidada manufactura artesanal que da valor al arte y al territorio, con una manera de hacer consciente y arraigada que no encontraréis en formato PDF y que respeta las variedades dialectales. Estética y escritos se cogen de la mano alrededor de una temática que vertebra cada número: hasta ahora las plumas que colaboran en la revista han versado alrededor del hambre, la distancia, el refugio, el juego y la comunión, y lo han hecho con una perspectiva descentralizada y con una narrativa reposada y amable, desde la experimentación y con un tono lúdico que aspira a acercarnos a la idea de felicidad.

El jurado, entre otras virtudes, ha destacado que su gráfica aporta "una dimensión propia a la experiencia de lectura", mérito que recae en buena parte en el talento de su director artístico, el también igualadino Nil Morist, que se ha atrevido a hacer un proyecto a cocción lenta, con carácter, como lo son las presentaciones que se ubican en lugares inesperados y originales y de formas muy diversas (las próximas: el sábado 7 en Amposta y el jueves 19 en Tarragona). El diseño es bastante distinto al convencional —haciendo honor a su nombre— y en el subtítulo constan tres palabras: "Contexto / Materia / Símbolo", un valor añadido para explicar que quieren ser red, con libertad creativa, y configurar una panorámica que invita a colectivos artísticos contemporáneos de los Països Catalans a reflexionar alrededor de un concepto, de un anhelo. Elegir (o ser) Rara es escribir una carta en lugar de un email; es bajar el ritmo en lugar de tener prisa; es reunirse alrededor de una mesa y no de una pantalla. Es una conversación interesante en medio del bosque, como el de Walden, o en un jardín junto al mar, como el de la Rodoreda. Es un museo sin paredes.