No soy nada de la mantequilla de cacahuete, pero, en cambio, una buena salsa satay de cacahuete picado y su puntito de picante, acompañando una brocheta de pollo, me gusta de vez en cuando. La hija de unos amigos míos no puede tomar ni una cosa ni la otra porque es tan alérgica al cacahuete que tiene una reacción de anafilaxia exacerbada. Por eso siempre la acompaña una jeringa precargada de adrenalina, por si en una comida fuera de casa, a pesar de pedir que no haya nada de cacahuete, hay alguna traza incontrolada. Hay mucha gente que es alérgica a la proteína del huevo, o a la proteína de la leche, y también hay mucha gente celíaca, que no puede tomar gluten, una de las proteínas mayoritarias del trigo y otros cereales.
En Estados Unidos, se considera que alrededor de un 10% de las personas tienen alguna alergia alimentaria, y en un país donde la mantequilla de cacahuete es omnipresente, presentan reacciones inmunitarias muy potentes a partir de 100 mg de cacahuete (menos de medio cacahuete), y como existe la costumbre de cocinar poco y comprar mucha comida preparada, la alergia alimentaria es un problema sanitario real. ¿Qué tratamiento hay para estas personas? En Estados Unidos tienen aprobada una inmunoterapia oral, que es cara, debe administrarse diariamente, deja de ser efectiva si no se toma cada día y también tiene algunos efectos secundarios, por lo que no es un tratamiento óptimo ni generalizado.
Hay indicios científicos sólidos, sobre todo en ratones, que indican que muchas (aunque no todas) de las personas que tienen intolerancias y alergias alimentarias tienen una microbiota diferente de las que toleran diferentes alimentos. Esto ocurre porque las bacterias que viven en nuestro intestino interaccionan con las células de la pared intestinal, donde tenemos uno de los centros importantes de nuestro sistema inmunitario. Hay bacterias que producen metabolitos que estimulan la producción de cierto tipo de linfocitos, algunos de los cuales son proinflamatorios (responden como si hubiera una agresión externa y se preparan para defender el cuerpo), y otras bacterias que favorecen las respuestas no inflamatorias. ¿Cómo incorporamos nuestra microbiota? Al nacer, durante el parto vaginal, los bebés entran en contacto con la microbiota vaginal, pero sobre todo de la microbiota fecal de la madre biológica, y estas bacterias empiezan a poblar los intestinos de los recién nacidos. También incorporan la microbiota de la piel del pecho de la madre que los amamanta, donde hay Lactobacillus, pero también hay bacterias en los besos que les damos en las mejillas, en sus dedos y en los juguetes que se ponen en la boca, el chupete que se les cae al suelo y lamemos para limpiarlo, los juguetes, los alimentos sólidos crudos, todo lleva bacterias, y por eso los bebés tienen, en principio, una composición microbiana muy parecida a la de su madre. Se ha demostrado que un buen porcentaje de criaturas que han nacido por cesárea no tienen una microbiota tan compensada y si se analizan los datos en conjunto, entre los recién nacidos por cesárea hay un incremento de niños con asma, o con alergias alimentarias más adelante. El efecto es pequeño de manera individual, pero muy claro cuando se mira probabilísticamente.
En Finlandia fueron pioneros, y en un estudio científico dieron a los recién nacidos por cesárea leche suplementada con extracto fetal de las heces de sus madres, y la composición de su microbiota cambia y no presentan tantos problemas intestinales. Esto no se puede hacer indiscriminadamente, claro, y primero hay que comprobar la composición microbiana de estas píldoras fecales para que no haya poblaciones escondidas de patógenos intestinales.
En un estudio científico en Finlandia, dieron a los recién nacidos por cesárea leche suplementada con extracto fetal de las heces de sus madres, y la composición de su microbiota cambia y no presentan tantos problemas intestinales
¿Tal vez el trasplante fecal puede ser una solución duradera para las personas con alergias alimentarias? Esta es la pregunta que se ha hecho un grupo de científicos de Estados Unidos. Obtuvieron y analizaron las heces de personas no alérgicas y elaboraron píldoras, evidentemente después de comprobar su composición bacteriana, ya que las bacterias están vivas. Reclutaron a quince personas adultas jóvenes (media de edad de 21 años, nueve hombres y seis mujeres) todas altamente intolerantes al cacahuete, les dieron una dosis de 36 píldoras de trasplante fecal en un único día. Cuatro meses más tarde, evaluaron su microbiota, y la respuesta al cacahuete cuatro meses más tarde. A algunos, los trataron con antibiótico unos días antes de darles el tratamiento para eliminar parte de la microbiota, y permitir el repoblamiento por parte de las nuevas cepas. La mayoría de estas personas tuvo uno o dos días con ciertos desajustes intestinales a causa de esta "colonización" (equivalente a lo que tenemos muchos cuando cambiamos de hábitos alimentarios y de agua, al viajar a nuevos lugares), pero sin ninguna otra consecuencia. Pues bien, el 40% de este grupo de personas presentó una mejora clara ante la respuesta al cacahuete, como mínimo soportando sin problemas 300 mg, o en algún caso, mucho más.
Respecto al análisis de la calidad de las heces, de todas quince personas, tanto de los que incrementaron la tolerancia como de los que no, se extrajo la microbiota y se analizó la composición, y se observó que había una representación más elevada de bacterias del género Bacteroides y algunos Clostridium. El grupo Bacteroides se asocia a una acción protectora y antiinflamatoria de los intestinos. Como muestra más fehaciente de este cambio, se hicieron píldoras de heces de cada participante, y se utilizaron para trasplante fetal en ratones modificados para tener reacciones intestinales proinflamatorias, con incremento de la respuesta inmunitaria a ciertos componentes alimentarios, como la proteína de huevo. Pues bien, los ratones que fueron trasplantados con las píldoras fecales de los participantes más tolerantes al cacahuete después del tratamiento inicial, también fueron menos alérgicos a la proteína de huevo, mientras que los ratones a los que se trasplantó las heces de los intolerantes no presentaron ninguna mejora y también respondieron inmunitariamente a la proteína de huevo. El análisis de las heces de los ratones tolerantes versus los que no también mostró un incremento en las poblaciones bacterianas del género Bacteroides.
Los científicos se preguntaron por qué Bacteroides favorece la respuesta antiinflamatoria en los intestinos. Se sabe que estas bacterias son muy resistentes a los ácidos biliares que hay en el intestino porque expresan enzimas degradativas de estos metabolitos (cabe recordar que los ácidos biliares son secretados por la vesícula biliar y son necesarios porque permiten hacer emulsión de las grasas, a la vez que nos desprendemos de los restos de hemoglobina no funcional de la sangre). Pues bien, los investigadores manipularon genéticamente bacterias de este grupo para disrumpir, es decir, eliminar la función de estos genes, y estas bacterias modificadas fueron introducidas en píldoras a los ratones. En este caso, los ratones continuaron siendo intolerantes a la proteína de huevo. Por lo tanto, podemos decir que al menos parte de la intolerancia alimentaria es debida a la composición de nuestra microbiota y que los restos de ácidos biliares pueden favorecer las respuestas proinflamatorias en ciertas personas.
¿Cuál es la conclusión final? Pues es muy prometedor, porque el tratamiento parece funcionar después de cuatro meses con una única dosis de trasplante fecal. Pero se necesitan muchos más experimentos, en un grupo mucho más grande de gente. Por ejemplo, en este grupo reducido de participantes, la mayoría de los hombres respondió al trasplante fecal, pero no fue un tratamiento tan exitoso en mujeres. Puede ser casualidad o puede indicar diferencias de género. Hay que determinar mejor cuál es la composición de las heces, y si hay realmente un grupo de bacterias que son las responsables de esta respuesta antiinflamatoria ante alérgenos, aislarlos, estudiarlos y analizar sus efectos por separado. En todo caso, está claro que la microbiota tiene un papel muy relevante en el bienestar de nuestro intestino y de nuestro sistema inmunitario, y algún día, iremos a la farmacia para comprar probióticos específicos para tratar estos trastornos.