Bob Prevost, es decir, el papa León XIV, se ha dado la mano con otro Bob de su zona, el cantante Bob Dylan. El Papa ya se está acostumbrando a que de vez en cuando, entre diplomáticos y eclesiásticos, le llegue algún excéntrico roquero o célebres cantantes. Ya fue el caso de Patti Smith, y ahora ha sido Bob Dylan, que se ha presentado con una capucha oscura en el palacio apostólico. Pero él no es solo un cantante consagrado, sino un Premio Nobel. De Literatura, concretamente.
Bob Dylan (que en realidad se llama Robert Allen Zimmerman) nace en Duluth, Minnesota, en 1941 y ha pasado del folk acústico de protesta (con himnos generacionales como Blowing in the Wind o The Times They Are a-Changing) a la revolución del rock eléctrico explorando posteriormente el country y acercándose a géneros más espirituales como el góspel. Conocemos a Dylan como cantante, pero a menudo se olvida que es Premio Nobel de Literatura. Se lo concedieron en 2016 por haber creado "expresiones poéticas" dentro de la tradición de la canción en Estados Unidos. En aquel momento levantó polvareda porque no quiso recoger el premio en la ceremonia pública ni hacer el discurso —condición para recibir el galardón—. Le concedieron que lo hiciera más tarde y en privado.
Diversos movimientos sociales y políticos han querido capitalizar a Bob Dylan, pero él ha sido un cantante escritor anguila. En pleno Concilio Vaticano II, simbolizó la protesta y se lo conectó con el movimiento por los derechos civiles y el pacifismo. Pero enseguida quiso rechazar ser portavoz de ningún movimiento. De hecho, explicitó que no quería ser instrumentalizado, que no quería escribir para organizaciones, que no era un líder ideológico y que lo suyo era un camino auténtico de expresión artística individual sin etiquetas. De aquí nace su escepticismo institucional ante la "política partidista instrumento del diablo" o también tildada "de deporte para las élites".
Con una espiritualidad a su manera, habla de Dios a menudo en las entrevistas. Ha afirmado por ejemplo que ha escrito "algunos éxitos de verdad" y digo con toda sinceridad que "la inspiración es divina"
Dylan, en el año 1983, cantaba en Don't Fall Apart on Me Tonight que "sabes, ya ni siquiera se está seguro en el palacio del papa". (You know, it ain't even safe no more / In the palace of the Pope). Sin embargo, a él parece que los palacios de los papas no le dan miedo. Bob Dylan ya se había encontrado con Juan Pablo II en 1997 y se ha paseado sin signos de nerviosismo esta semana.
Con una espiritualidad a su manera, habla de Dios a menudo en las entrevistas. Ha afirmado por ejemplo que ha escrito "algunos éxitos de verdad" y digo con toda sinceridad que "la inspiración es divina". "Hasta que Jesús se me hizo real de esta manera, no pude entenderlo", ha confesado.
Libre y disidente, Dylan es un potente símbolo estadounidense en el Vaticano, reunido con el papa Bob Prevost. La icónica instantánea de los dos Bobs más famosos del Medio Oeste de los Estados Unidos ofrece subtexto: precisamente en un momento convulso y de cambio en el país natal de los dos personajes públicos, mientras los Estados Unidos están votando su destino en las elecciones de mitad de mandato, el Papa recibe a un poeta de los Estados Unidos y hablan de música. Podría parecer una frivolidad. También podría ser un signo, o un guiño al mundo.
