Al igual que Cristóbal Colón, hay aventureros y espíritus inquietos que siempre han querido ir hacia Oriente. El papa Francisco deseaba ser misionero en Japón, pero la salud no se lo permitió. Dentro del universo femenino religioso, Francesca Cabrini (1850-1917) era una religiosa que tenía el deseo de marchar de misionera a China. También sufrió problemas de salud. El papa León XIII la espoleó a mirar hacia el lado opuesto, de hecho, hacia Occidente, concretamente hacia Estados Unidos. Cabrini, que había fundado la congregación de las Hermanas Misioneras de los Sagrados Corazones de Jesús, es hoy la patrona de los inmigrantes: fue en el año 1950 cuando el papa Pío XII la proclamó como tal. Y lo es por la labor que realizó en un continente al que no había pensado ir a parar. 

Con ella, los Estados Unidos de América tuvieron a la primera santa naturalizada estadounidense, en el año 1946. Maria Francesca Cabrini era italiana. Hoy, el tejido de fundaciones, escuelas, hospitales (como el Hospital Columbus de Chicago), centros de acogida de inmigrantes y obras de esta fundadora son un puntal que soporta los embates de un mundo que anda más bien escaso de inclusión, acogida y hospitalidad. El papa Francisco la definió como una mujer con sensibilidad misionera “no sectorial, sino universal”. No son palabras vanas. 

No es casual que la primera santa de Estados Unidos sea ella, una mujer referente que molesta, y que ya lo hizo también en vida, como se recoge en 'Cabrini' (2024)

Fundadora de 67 casas para niños huérfanos, su obra se centró en ayudar a los migrantes italianos. La madre Francesca Cabrini tiene una estatua impresionante (Memorial Madre Cabrini) cerca del río Hudson en Nueva York, ciudad que con este gesto reconoce que no existiría sin los inmigrantes. Los funcionarios de Nueva York podrían haber puesto estatuas de cantantes, arquitectos, médicos o magnates del petróleo, pero la han elegido a ella. La ciudad le reconoce la tenacidad para dignificar la vida de las personas que llegaban en barco a descubrir las Américas.

Fue un modelo inspirador para la Madre Teresa de Calcuta, también santa, quien presenció su canonización y fundó su propia orden misionera, siguiendo los pasos de la pionera italiana. En 1952, el American Committee on Italian Migration de Nueva York la declaró la inmigrante italiana del siglo. Sus restos se pueden visitar en la Mother Cabrini High School de Manhattan, y en Chicago existe el Santuario Nacional de Santa Francesca Cabrini. No es casualidad que la primera santa de los Estados Unidos sea ella, una mujer referente que molesta, y que ya lo hizo también en vida, como se recoge en Cabrini (2024), una película que también se ha estrenado en nuestro país en la Muestra de Cine Espiritual.

Cabrini no fue aceptada en la orden religiosa que quería por razones de salud. Tuvo que soportar la oposición de algunos miembros de la propia jerarquía, que no la veían capacitada para estar al frente de las obras que estaba impulsando. Ya se están moviendo iniciativas por todo el mundo para celebrar el centenario de la muerte de esta mujer que entendió que el acompañamiento era un sinónimo de estar en el mundo