La evolución de la pandemia de coronavirus en Catalunya en las últimas fechas -el riesgo de rebrote cerca de los 300 puntos, la velocidad de contagio en 1,30 y los nuevos positivos diarios por encima de los 2.000- confirma la llegada de la segunda ola de la Covid-19. A estos preocupantes datos se suman las medidas de shock que quiere implementar la Conselleria de Salut en los próximos quince días pidiendo que se recupere en la medida de lo posible el teletrabajo en las empresas y que las clases en la universidad vuelvan a ser en línea. El tercer indicador de preocupación ha llegado del presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, Jaume Padrós, que ha señalado que los próximos días son claves si no se quiere llegar a una situación similar a la de Madrid.
Aunque nos falta mucho por saber de la Covid-19, sí que hay algunas cosas que hemos llegado a aprender y que es obligatorio que a partir de ahora se extreme su vigilancia si no queremos que la situación se deteriore gravemente y vuelvan a traspasarse a la economía sus consecuencias, justo en un momento en que se han dado algunos pasos para retomar una mínima normalidad. Una de las principales medidas tiene que ver con el límite máximo de seis personas en las reuniones sociales. Lo que no puede ser es que suceda como en Madrid donde este sábado por la noche la policía municipal levantó actas de más de un centenar de fiestas particulares con un número de personas por encima de lo permitido e incluso en una de ellas había 80 personas en un domicilio privado en que se celebraba una fiesta de pago.
El degradante espectáculo público vivido en la capital de España entre el gobierno de la Comunidad y el de Pedro Sánchez también nos ofrece algunas claves del camino que no hemos de emprender. De hecho, con las medidas que ahora trata de implementar el Govern, cuando las cifras en Catalunya de rebrote, por ejemplo, no llegan a un 50% de las de Madrid, ya demuestran que la sensibilidad de las autoridades es muy diferente y que la prioridad es revertir la curva, dejar de lado cualquier espectáculo, y no jugar con la vida de los ciudadanos.
Porque la pandemia de la Covid-19 también nos enseña lo importante que es adelantarse y que sirve de poco mirar hacia otro lado. Los que han jugado a temerarios han salido peor parados. Esta es una lección que no habría que olvidar a la hora de encontrar el necesario equilibrio.