A raíz del desahucio de Maricarmen, me gustaría exponer mi punto de vista sobre los alquileres de viviendas. Ya sé que no tengo un doctorado en derecho económico y de la empresa por ESADE, y que ni siquiera soy politóloga, pero he vivido toda mi vida adulta de alquiler (es decir, soy arrendataria) y soy copropietaria de una casa, que tenemos alquilada (es decir, soy arrendadora). Como arrendataria, os puedo afirmar con total seguridad que los precios de los alquileres se han disparado exageradamente desde hace menos de diez años (creo que lo ve y lo sabe todo el mundo, pero, por si acaso, lo quiero dejar claro): en Banyoles, por ejemplo, un piso de dos habitaciones, que antes te costaba 650 o 700 euros al mes, ahora te cuesta 1.100 euros (lo que vendría a ser el doble). Los sueldos, en cambio, se han mantenido como hace 10 años (si no han bajado). No hace falta ser matemático para ver que las cuentas no salen y que o reduces gastos (como dejar de tener hijos o comprar comida basura) o compartes piso con más gente o tienes más de un trabajo o te vas a vivir debajo de un puente.
Como arrendadora, os puedo afirmar con total seguridad que no todos los arrendatarios van de buena fe. Me he encontrado a más de una persona que se presenta como vulnerable (una actuación de 10) y que te suplica que le hagas un alquiler ridículo (con esto me refiero a 250 euros al mes por una casa grande con huerto, por ejemplo) porque, a cambio (ja, ja, ja, ja), hará mejoras en la casa. Tú vas de buena fe, confías en esa persona (que en realidad tiene un sueldo más alto que el tuyo y otros ingresos) y aceptas ese alquiler ridículo (que más que beneficios te supone dolores de cabeza y te hace perder dinero). ¿Tú has visto las mejoras? Yo tampoco. Y no solo eso, te entregan (si es que se dignan a irse) la casa peor de lo que estaba. Con este panorama, ¿qué ilusión me va a hacer a mí, como propietaria, alquilar la casa? Mejor la vendo o la cierro. Aparte de esto, a las personas que hemos heredado una casa (que no somos grandes tenedores, of course), heredarla nos supone más quebraderos de cabeza que beneficios. Para poder alquilar una casa (el gobierno de turno hace todo lo posible para que las cosas sean lo más complicadas posible en nombre de ayudar a los desvalidos y quedar como unos santos), esta debe cumplir una normativa cada vez más exigente. ¿Sabéis cuánto cuesta reformar una casa para que cumpla la normativa? Para que luego un arrendatario "vulnerable" no te la conserve ni te haga las mejoras que había prometido y la tengas que volver a reformar (¡y que encima te pida la fianza cuando finalmente se va!). Y ya no hablemos de los okupas, que tienen todos los privilegios del mundo para entrar en una casa vacía —o donde vive una familia— y apoderarse de ella sin pagar ni un euro (y el gobierno de turno encima los aplaude por su agilidad). Y que no hagan negocios ilegales dentro, ya puestos. ¿Quién es el vulnerable aquí?
Los arrendatarios honestos tienen que pagar las consecuencias de los arrendatarios incumplidores y que destrozan los pisos o dejan de pagar, y los arrendadores honestos tienen que pagar las consecuencias de los fondos buitre o de los grandes tenedores sin escrúpulos
Estoy cansada de este sistema fallido. ¿Sabéis cuántas personas piden becas para estudiar a pesar de tener unos padres ricos (qué fácil es para algunos ocultar los ingresos reales y qué difícil es para los funcionarios, por ejemplo)? ¿Sabéis cuántas personas acceden a ayudas cobrando más que yo? En este país, las personas honestas siempre pagan los platos rotos. ¿Cómo es posible que los delincuentes y los estafadores siempre acaben ganando la partida? Pensemos en ello (y dejemos de ser tan inocentes). No hay un control eficiente de los alquileres ni unas leyes justas. Hemos pasado de vivir de alquiler acojonados porque nos podían echar en cualquier momento a tener okupas viviendo en nuestra casa sin poder hacer nada. ¿Quién hace las leyes exactamente? ¿Un extraterrestre que no ha puesto nunca los pies en el planeta Tierra?
Siempre pagan justos por pecadores: los arrendatarios honestos tienen que pagar las consecuencias de los arrendatarios incumplidores y que destrozan los pisos o dejan de pagar, y los arrendadores honestos tienen que pagar las consecuencias de los fondos buitre o de los grandes tenedores sin escrúpulos. Nos enseñan que ser honesto no sale a cuenta y que los cabrones siempre salen ganando. Vista la corrupción que hay en las altas esferas, no sé por qué me extraña tanto todo esto.
La extrema izquierda, siempre tan revolucionaria y empática, propone que los arrendamientos sean indefinidos, que solo se puedan terminar si el arrendador necesita la propiedad para vivir en ella. Es decir, no quieren que nadie pueda disfrutar de más de una propiedad (nada de segundas residencias). Esto suena muy bucólico y utópico, lástima que muchos de los componentes de la extrema izquierda tengan más de una propiedad e ingresos muy superiores a los de la media. Yo propongo que cada uno tenga las casas que quiera y que el gobierno regule con coherencia los alquileres: castigando a los que no cumplen y premiando a los que hacen bien las cosas. Si pueden controlar a la perfección la recaudación de impuestos, estoy segura de que, con un pequeño esfuerzo, también podrán controlar quién hace de las suyas con los alquileres y quién tiene más de lo que dice tener. Protejamos a los vulnerables de verdad y pongamos las cosas fáciles a los arrendadores honestos para que sigan alquilando sus propiedades en vez de cerrarlas. Un poco de sentido común, por favor.
