La maternidad es una experiencia deliciosamente intensa, muy (pero que muy) compleja y llena de matices contradictorios. Es igual de maravillosa que de difícil y agotadora. A menudo, las madres no necesitamos grandes discursos ni frases hechas; necesitamos que nos escuchen, respeto, una mirada cómplice y apoyo real. Y, sea dicho, brindar con una buena copa de vino cuando por fin están durmiendo. Estas son algunas de las frases que muchas madres oímos demasiado a menudo —y que hacen más mal que bien—, así como algunas alternativas mucho más útiles, empáticas, inteligentes, alegres y respetuosas.

“Ya tendrás otros” o “Es que no iba bien” (tras un aborto)
Cuando una madre pasa por una pérdida gestacional, no necesita explicaciones ni consolaciones rápidas. Necesita espacio para sentir la tristeza, para quejarse, para el duelo y para la frustración. Minimizar el dolor no ayuda ni a una madre ni a nadie.

“Pues no haber tenido hijos”
Es una frase totalmente injusta. No le diríamos a una persona que sufre una situación difícil de pareja que “no se hubiera casado”, ni a un niño que sufre acoso que “hubiera elegido otra escuela”. Que yo sepa, no tener hijos no anula el derecho a expresar cansancio o dificultades.

“Tienes que organizarte mejor”
La maternidad no es como una agenda exacta. Es no saber cuándo tendrás que pasar una noche entera en urgencias, cuándo alguien se despertará con fiebre o cuándo aparecerá un imprevisto imposible de planificar. No puedes saber cuándo se orinarán en la cama, cuándo se tirarán a la piscina vestidos, cuándo te vomitarán encima. Organizarse es “misión imposible”.

“¿Cuál es tu hijo favorito?”
Es la típica pregunta sobada e incómoda. El amor entre hermanos no se mide ni se compara. Cada hijo es amado de una forma única. Del rollo: ¿A quién quieres más, a tu madre o a tu padre? Y que, aunque sea a tu madre, no podrías decirlo en voz alta…

“Disfruta, que pasa muy rápido”
Es cierto que el tiempo pasa deprisa, pero hay noches muy largas, momentos muy duros y etapas especialmente exigentes. Reconocer esta realidad también es cuidar en el presente, por mucho que en un futuro las cosas se vean distintas.

En vez de frases vacías, tópicas o juicios rápidos, hay palabras sencillas que pueden nutrir a las madres sedientas de afecto

“Yo hacía esto y aquello con mis hijos”
Esta frase a menudo suena más a comparación que a apoyo. ¿Te dejo mis gafas a ver si te sirven? Comparar no ayuda: compartir experiencias con respeto, sí.

“Antes lo hacíamos todo nosotros y sin ayuda”
Las condiciones laborales, familiares, sociales y económicas no son las mismas que hace veinte o treinta años. La crianza no debería ser una competición entre generaciones, y menos entre mujeres.

“Eres demasiado estricta”
Educar implica poner límites. Y poner límites también es amar. ¿Te cuento lo que acaba de hacer? Antes de criticar, es mejor entender el contexto.

“Déjale llorar, no pasa nada”
Cada familia decide cómo quiere acompañar emocionalmente a sus hijos. ¿Y un abrazo cuida más que una bofetada a tiempo? Tienes que ir a ver la última obra de Marta Butxaca.

“No trabajes tanto, que es mejor para los niños tener a su madre en casa”
Trabajar no es incompatible con amar ni con cuidar. La independencia económica también es una forma de seguridad y de dignidad personal.

“Si tienes abortos, será por el ritmo de vida que llevas”
Culpabilizar a una madre por una pérdida es profundamente malévolo. Claro, culpa de mi alimentación, de que fumé cuando era joven, de que estoy muy estresada, de las copitas del fin de semana. Las circunstancias de la vida o su semen no cuentan, ¿verdad? Las causas pueden ser múltiples y a menudo desconocidas.

“Lo que necesitan los niños es rutina y verte tranquila”
Pues explícame cómo se hace, trabajando, criando, limpiando la casa, siendo buena hija, buena amiga, buena nuera, buena compañera, buena hermana… Mantener la calma constantemente mientras se trabaja, se cuida, se limpia, se acompaña y se responde a todas las responsabilidades familiares y sociales no siempre es posible. Y agota no poder decir que agota.

Venga, ahora vamos con las frases que sí ayudan…
En vez de frases vacías, tópicas o juicios rápidos, hay palabras sencillas que pueden nutrir a las madres sedientas de afecto:

  • Lo estás haciendo muy bien.
  • Tienes pagado un masaje mientras te cuido a los niños.
  • ¿En qué te puedo ayudar?
  • ¡Vamos al cine! Mi hija o mi hijo se encarga de tus niños.
  • Es normal que estés cansada.
  • ¿Te acompaño a comprar cosas que te hagan ilusión?
  • Todas las madres queremos lo mejor para nuestros hijos.
  • He organizado un encuentro en casa con las amigas y tus niños pueden estar mirando la tele.
  • Tus hijos tienen mucha suerte de tenerte como madre.