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Que el título no les lleve a engaño; no es ningún elogio a nadie. Además, es muy probable que a los dirigentes de Junts les parezca un regalo envenenado. Nunca sienta bien que alguien te pida que, si es necesario, sacrifiques votos para no perder la esencia de un movimiento. Pero así es como lo veo después de cómo se ha provocado el adelanto electoral en España o de algunas voces que empiezan a resonar con fuerza desde Francia, como la de Christophe Guilluy, a raíz de las protestas y los disturbios que se están viviendo estos días. A lo que me refiero no es ninguna novedad; ya lo escribieron en su momento Henry Kissinger en Orden mundial o Francis Fukuyama en Identidad, libros en los que explican lo que puede significar un cambio de las "reglas" que configuran un sistema político.

Quien fuera secretario de Estado con los presidentes Nixon y Ford escribe: "La comunidad de naciones que Estados Unidos aspiraba a defender reflejaba un consenso: un orden de Estados cooperativos en expansión inexorable que observara reglas y normas comunes, adoptara sistemas económicos liberales, renunciara a la conquista territorial, respetara la soberanía nacional y abrazara sistemas de gobierno participativos y democráticos. Los presidentes americanos de ambos partidos han continuado instando a otros gobiernos, a menudo con vehemencia, a esforzarse en la preservación y la ampliación de los derechos humanos. En muchas instancias, la defensa de estos valores por parte de Estados Unidos y sus aliados ha dado como resultado importantes cambios para la condición humana".

También citaba la necesidad de que, para mantener este sistema, cada uno "hiciera su justa parte" y la gran dificultad que supone establecer lo que es una "contribución justa". Esto, que había sido así desde la época de Truman, Donald Trump se lo ha cargado. A estas alturas no queda claro cuál es el nuevo orden mundial ni qué características tiene. Cuando abandonas los básicos, el sistema entra en crisis. En la crisis, el sistema conocido es el que sufre para dar respuestas, incluso para actualizarse. Kissinger avisaba de que los nuevos métodos de comunicación proyectan los acontecimientos globalmente, pero de una manera "que inhibe la reflexión y exige que los líderes registren acciones instantáneas expresadas en eslóganes". Les suena, ¿verdad? Algunos, durante muchos años, dan un sistema por asegurado, se olvidan de revisar que aquello que sustenta el sistema se encuentra en buen estado y también se olvidan de garantizar que todo el mundo considere que el coste de mantener aquel sistema no lo pone en peligro.

El catalanismo mayoritario debería tomar nota de lo que ha sucedido y no cometer los mismos errores que se han cometido en el orden mundial y en la izquierda internacional

Esto en cuanto al orden mundial. En cuanto a la crisis de la izquierda, varios autores se han referido a ella. El resumen de su tesis podría ser esta afirmación de Fukuyama: "La izquierda seguía definiéndose por su pasión por la igualdad, pero esta agenda cambió desde su anterior énfasis en las condiciones de la clase trabajadora a las demandas, a menudo psicológicas, de un círculo cada vez más amplio de grupos marginados. (…) En este proceso, la vieja clase obrera se quedó por el camino". "La agenda de la izquierda viró hacia lo cultural: lo que había que derrotar no era un orden político que explotaba a la clase trabajadora, sino la hegemonía de la cultura y los valores occidentales, que reprimían a las minorías del propio país". De nuevo, algunos, durante muchos años, dan un sistema por asegurado, se olvidan de revisar si las condiciones de la clase trabajadora realmente mejoran y también se olvidan de garantizar que el cambio climático, el antirracismo o los derechos civiles compensan sueldos precarios o el no acceso a la vivienda.

Al establishment de Washington la gente lo abandonó; se sentía en peligro con sus ideas y apostó por Trump. Un desastre. Al establishment de la izquierda la gente lo ha abandonado; se siente en peligro por sus ideas y está apostando por la extrema derecha. Un desastre. El catalanismo mayoritario —no sé si llamarlo establishment sería justo, y por eso no lo hago— debería tomar nota de lo que ha sucedido y no cometer los mismos errores que se han cometido en el orden mundial y en la izquierda internacional. Y ya ha cometido algunos: ligarse ideológicamente a la CUP durante el procés, diluir la identidad nacional para intentar ampliar la base, apostar por el independentismo en castellano, numerosos incumplimientos, mala gestión del Govern, no hablar de según qué problemas…

Pero la apuesta de Esquerra por ir con Podemos en las próximas elecciones generales para hacer un Frente Amplio para que dé opciones a quien no quiera votar al PSOE para detener a la derecha es el desastre total. Es el abandono de la gente catalanista. Hay una bandera que compartían diferentes partidos y tradiciones políticas: defender los intereses de Catalunya por encima de todo (incluso de si hay que pactar con la derecha o la izquierda), negociar para ganar autogobierno, evitar el expolio fiscal, reclamar las inversiones pendientes, exigir respeto por nuestra lengua e identidad, trabajar para contribuir al dinamismo de la economía catalana, defender el sistema productivo catalán, etc. Abandonar esta bandera significaría perder a mucha gente. No digo que lo que ha hecho ERC con Rufián no les pueda dar algunos votos más, eh, no va de votos, o no solo va de votos. Va de abandonar a la gente. Va de que tus ideas asusten a los tuyos, que crean que ya no los defiendes y se marchen. Los vascos lo tienen claro. Basta con ver las condiciones que UPN pone al PP o cómo EH Bildu rechaza el frente amplio porque, por más de izquierdas que sean, su razón de ser es defender los intereses del País Vasco. La renuncia de Esquerra pone en peligro al catalanismo. Y ahora viene el regalo envenenado para Junts: para aguantar esta bandera solo están ellos. Conservarla alzada les puede hacer perder algunos votos, es cierto. Y eso a los partidos nunca les va bien. Pero rechazar esta responsabilidad sería nefasto para el catalanismo. Los sistemas no se mantienen solo porque hayan funcionado durante muchos años; necesitan renovar constantemente la legitimidad que los sostiene. Los sistemas se desmoronan si la gente cree que se les ha dejado de defender.