La mayoría de conductores asocia las multas de tráfico al exceso de velocidad, pero hay otra infracción mucho menos conocida que también está siendo sancionada. Circular demasiado despacio en carretera puede acarrear una multa, y no es algo anecdótico. La Dirección General de Tráfico lo deja claro: no solo hay que respetar los límites máximos, también hay que evitar una velocidad anormalmente reducida.
Y es que, aunque los excesos de velocidad siguen siendo uno de los principales factores en los accidentes graves, conducir muy por debajo del ritmo adecuado también supone un riesgo real para la seguridad vial.
Qué se considera “velocidad anormalmente reducida”
La normativa de tráfico establece que los conductores deben circular a una velocidad adecuada a la vía y a las condiciones del tráfico. Esto significa que no basta con no superar el límite máximo, sino que también hay que mantener un ritmo razonable.

Se considera infracción cuando un vehículo circula tan lento que entorpece la circulación sin motivo justificado. Este comportamiento obliga al resto de conductores a frenar, cambiar de carril o adelantar en situaciones que pueden ser peligrosas. Es especialmente relevante en autopistas y autovías, donde se espera una circulación fluida. Un coche que va demasiado lento rompe esa dinámica y puede generar situaciones de riesgo, sobre todo en vías con mucho tráfico.
Multa de hasta 200 euros y cuándo se aplica
La sanción por circular a una velocidad anormalmente reducida puede alcanzar los 200 euros. No implica pérdida de puntos del carnet, pero sí una penalización económica importante. Eso sí, no todas las situaciones son sancionables. Existen excepciones. Por ejemplo, cuando hay tráfico denso, condiciones meteorológicas adversas, una avería o cualquier circunstancia que obligue a reducir la velocidad.
El problema aparece cuando no hay justificación. Circular despacio por inseguridad, distracción o simple costumbre puede ser motivo de multa si se interpreta que se está afectando al flujo normal del tráfico. Así pues, la clave está en adaptarse a la vía. Conducir no es solo respetar un límite máximo, sino mantener una velocidad coherente con el entorno. Evitar ir demasiado rápido es importante, pero hacerlo demasiado lento también puede tener consecuencias.