Cataluña se ha convertido en la comunidad autónoma con la mayor infraestructura de recarga para vehículos eléctricos en España, un factor que marca una diferencia clara en el contexto de la transición energética. Con 11.026 puntos de carga distribuidos en 1.874 estaciones, el territorio catalán lidera el despliegue nacional y consolida una red que aporta mayor seguridad operativa a los usuarios.
Esta infraestructura da servicio a una población de 8.124.126 residentes, lo que se traduce en una ratio de 135,7 puntos por cada 100.000 habitantes. La cifra no solo refleja volumen absoluto, sino también una relación favorable entre población y disponibilidad de cargadores. En un momento en el que la adopción del coche eléctrico depende en gran medida de la facilidad de uso, la capilaridad de la red se convierte en un elemento estratégico.
No es ningún secreto que la infraestructura de recarga es uno de los pilares que condicionan el ritmo de electrificación. Más allá de la autonomía teórica de los vehículos, la experiencia real está vinculada a la posibilidad de acceder a un punto operativo sin largos desvíos ni tiempos de espera prolongados. En este sentido, Cataluña ofrece un entorno más preparado que otras regiones.
La densidad de población, situada en 235,76 personas por kilómetro cuadrado, también influye en la eficiencia del despliegue. Un territorio con alta concentración demográfica facilita que los puntos de carga puedan atender a un mayor número de usuarios en un radio relativamente reducido, optimizando así la inversión en infraestructura.
Una red extensa y mejor distribuida
Lo destacable en este caso es que el liderazgo no se limita al número total de conectores, sino a su distribución en 1.874 estaciones. Este dato implica una mayor dispersión territorial, lo que favorece tanto a grandes núcleos urbanos como a áreas intermedias. La red no depende exclusivamente de unas pocas localizaciones estratégicas, sino que se articula de forma más amplia.
Para el conductor de vehículo eléctrico, esta capilaridad reduce la percepción de riesgo asociada a los desplazamientos de media y larga distancia. Una mayor presencia de estaciones incrementa la flexibilidad en la planificación de rutas y disminuye la dependencia de un único punto concreto. Además, una red extensa mejora la resiliencia ante posibles incidencias técnicas o saturaciones puntuales.
Por otro lado, disponer de la mayor red de recarga del país puede tener efectos indirectos sobre el mercado. La infraestructura es un factor clave para atraer operadores de movilidad eléctrica, empresas logísticas electrificadas y proyectos vinculados a la innovación en transporte sostenible. Un territorio con mayor preparación técnica se convierte en un entorno más competitivo.
En conjunto, los 11.026 puntos de carga y su distribución estratégica sitúan a Catalunya en una posición ventajosa dentro del proceso de electrificación en España. La combinación de densidad poblacional elevada y amplia cobertura de estaciones configura un escenario favorable para el usuario, consolidando a la región como referencia nacional en infraestructura de recarga.