Donald Trump no pasa por su mejor momento, aunque no le guste admitirlo, y las elecciones de medio mandato le ponen nervioso. En este sentido, el presidente de EE. UU. ha querido que la visita de Xi Jinping en Washington tuviera todos los ingredientes de un gran encuentro de Estado. Alfombra roja, banderas chinas y norteamericanas, cena con algunos de los empresarios más poderosos del mundo e incluso una visita al helipuerto que el presidente de Estados Unidos acaba de instalar en los jardines de la Casa Blanca. La cumbre ha estado cargada de simbolismo, pero los acuerdos concretos han sido mucho más limitados. ¿Puesta en escena superior para unos acuerdos de mínimos?
Trump y las concesiones a Xi
Uno de los gestos que más ha llamado la atención ha sido el recibimiento de Trump a Xi en la base aérea de Joint Base Andrews. El presidente norteamericano esperó a su homólogo chino a pie de pista y lo recibió personalmente con una ceremonia protocolaria. Según Reuters, se trata de un gesto poco habitual para un presidente de los Estados Unidos. De hecho, él no fue recibido de esta manera en su viaje a China, como tampoco el mismo Xi en anteriores visitas.
La cordialidad no se quedó en el aeropuerto. Después de la reunión, Trump enseñó a Xi el nuevo helipuerto de la Casa Blanca. El presidente norteamericano explicó a los periodistas que a su homólogo chino le gusta el granito, en referencia al material utilizado en la nueva instalación. La escena resume, en buena parte, el tono del encuentro: mucha puesta en escena y una voluntad evidente de proyectar una relación personal fluida.
Objetivo: evitar nuevas escaladas comerciales
La Associated Press ha remarcado el cambio de registro de Trump respecto de su etapa política anterior, marcada por un discurso mucho más duro contra Pekín. Ahora, el presidente norteamericano busca una relación más cordial con Xi, en un momento en que las dos potencias necesitan evitar una nueva escalada comercial.
El resultado más tangible de la cumbre ha sido la extensión de la tregua comercial entre los dos países hasta el 10 de enero. Pero el resto de carpetas continúan abiertas. Taiwán, los minerales de tierras raras, los semiconductores y la inteligencia artificial siguen separando Washington y Pekín. Xi ha pedido a Trump que se oponga a la independencia de Taiwán, aunque, de momento, no hay ningún cambio visible en la política norteamericana en este aspecto.
La IA: dos rutas diferentes
La inteligencia artificial también ha puesto sobre la mesa dos maneras diferentes de entender la tecnología. Trump se mantiene firme y ha defendido el desarrollo de la IA sin nuevas trabas, mientras Xi ha insistido en que esta tecnología debe estar bajo control humano. El contraste es especialmente significativo porque la competición tecnológica es uno de los principales frentes de rivalidad entre las dos potencias.
Otro punto a tener en cuenta es la cena de Estado. En la misma mesa se sentaron figuras como Elon Musk, Jeff Bezos, Tim Cook, Sundar Pichai, Sam Altman y Jensen Huang. La selección de los invitados, según el portal Bloomberg, no es anecdótica. De hecho, muchos ven en ella un arma de doble filo. Muchos de los sectores representados —IA, chips, tecnología y comercio— son precisamente los que están en el centro de la disputa entre las dos potencias.
'Diplotainment': ¿qué es?
Precisamente, el contraste entre la ceremonia y los resultados —conversaciones que no han salido a la luz y desconfianzas diversas— ha llevado a algunos analistas a hablar del concepto "diplotainment". Una mezcla de diplomacia y espectáculo. Sin ir más lejos, el The Guardian recoge esta lectura y señala que la reunión, de unos 90 minutos, no dejó avances claros en los grandes conflictos entre las dos potencias. Mucha puesta en escena y mostrar la 'nueva' sintonía, pero sin demasiados cambios plausibles en el horizonte.
Por ahora, parece que Trump y Xi han rebajado temporalmente la tensión, pero hay carpetas abiertas en cuestiones importantes. Habrá que ver cómo evoluciona y si vuelve una nueva guerra comercial entre las dos superpotencias.
