Joshua Wong tenía 15 años cuando empezó a desafiar a Pekín. Ahora tiene 30 y acaba de ser condenado a diez años más de prisión. Entre una fecha y la otra hay más de una década de protestas, movilizaciones estudiantiles, batallas judiciales y una transformación radical de Hong Kong, que ha pasado de ser uno de los principales centros de disidencia política de China a un territorio donde buena parte de la oposición ha sido encarcelada, disuelta o forzada al exilio.
Wong saltó a la primera línea política en 2012, cuando lideró, junto con otros estudiantes, las protestas contra la introducción de una asignatura de educación nacional en las escuelas. Sus detractores consideraban que el programa era una herramienta de adoctrinamiento favorable al Partido Comunista Chino. La movilización consiguió que el gobierno hongkonés retirara el proyecto. Aquel adolescente delgado, con gafas de montura negra y facilidad para hablar ante las cámaras, se convertía en una de las caras más visibles del movimiento estudiantil.
De la política...
Dos años después adquirió proyección internacional con el Movimiento de los Paraguas, una ola de protestas que ocupó las calles de Hong Kong durante 79 días para reclamar elecciones democráticas y más autonomía política respecto de Pekín. Wong, entonces de 17 años, se convirtió en uno de sus principales portavoces. La revista Time lo situó en la portada en 2014 como símbolo de la protesta.
En 2016 dio el salto a la política con la fundación de Demosisto, un partido prodemocracia impulsado con Nathan Law y otros activistas. La formación defendía más autogobierno y reformas democráticas. Pero su margen de actuación se fue reduciendo a medida que Pekín incrementaba el control sobre el territorio.
El punto de inflexión llegó en 2019, con las multitudinarias manifestaciones contra una propuesta de ley de extradición que habría permitido enviar sospechosos a la China continental. Las protestas derivaron en meses de movilización y en episodios de violencia. En junio de 2020, Pekín impuso a Hong Kong una ley de seguridad nacional que penaliza, entre otras conductas, la secesión, la subversión y la colaboración con fuerzas extranjeras. Demosisto se disolvió aquel mismo día.
...a la prisión
Wong acabó en prisión en noviembre de 2020. En 2024 fue condenado a cuatro años y ocho meses por conspiración para subvertir el gobierno, a raíz de su participación en unas primarias opositoras no oficiales. Cuando parecía que podría salir en libertad en enero de 2027, ha recibido una segunda condena: diez años por conspirar para conseguir sanciones internacionales contra China y Hong Kong, en colaboración con Nathan Law y otros activistas. Admitió los cargos el pasado septiembre.
La sentencia ha sido criticada por organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, que consideran que se ha utilizado la legislación de seguridad nacional para castigar el activismo político. Las autoridades hongkonesas, en cambio, defienden que las actuaciones de Wong pusieron en peligro la seguridad nacional.
Desde la prisión, el activista ha escrito que su militancia "nunca estuvo motivada por el odio" y que su deseo más importante es poder cuidar a sus padres cuando recupere la libertad. Según The Guardian, en las cartas que ha enviado a sus amigos también ha expresado la preocupación de que el mundo acabe olvidando Hong Kong.
Si se cumple la previsión de cumplimiento de la condena, Wong no saldrá de la prisión hasta finales de 2036. Tendrá entonces 40 años. El chico que movilizó a una generación para reclamar más democracia habrá pasado buena parte de su juventud entre rejas. Y la ciudad que quiso transformar habrá cambiado profundamente.
