Netanyahu, el principal obstáculo para un acuerdo entre EE. UU. e Irán

La relación entre Estados Unidos, Israel e Irán vuelve a atravesar un momento crítico. Las negociaciones que Washington y Teherán mantienen para intentar rebajar la tensión en el golfo Pérsico y facilitar la reapertura del estrecho de Ormuz se han visto entorpecidas por las operaciones militares israelíes en el Líbano, situando de nuevo al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el centro del escenario diplomático.

La crisis se intensificó después de que Netanyahu amenazara con bombardear los suburbios meridionales de Beirut para presionar a Hezbolá. La respuesta iraní fue inmediata: Teherán advirtió que suspendería las conversaciones con Estados Unidos mientras continuara la escalada militar en el Líbano. El movimiento puso contra las cuerdas al presidente estadounidense, Donald Trump, que había asegurado en las últimas semanas que un acuerdo era inminente.

Según varios medios estadounidenses, la situación desembocó en una conversación telefónica especialmente tensa entre Trump y Netanyahu. Aunque las versiones sobre el contenido exacto de la llamada divergen, fuentes cercanas a las negociaciones apuntan que la Casa Blanca transmitió al dirigente israelí su malestar por unas acciones que amenazan con hacer descarrilar meses de contactos diplomáticos.

Netanyahu, contra las cuerdas

La tensión entre ambos líderes llega en un momento especialmente delicado para Netanyahu. Después de meses de conflictos simultáneos en Gaza, el Líbano e Irán, el primer ministro afronta una caída en los índices de popularidad y un futuro político cada vez más incierto. Esta semana, el Parlament israelí ha dado un primer paso para disolver la cámara y abrir la puerta a unas elecciones anticipadas que podrían celebrarse en otoño.

Varios analistas consideran que Netanyahu necesita exhibir resultados en el frente militar para reforzar su posición ante el electorado. Después de haber presentado sus campañas contra Hamás, Hezbolá e Irán como una cuestión existencial para la seguridad de Israel, un alto el fuego sin objetivos claros alcanzados podría ser interpretado por sus rivales como un fracaso político.

A esta presión electoral se añade la reactivación del juicio por corrupción que el dirigente israelí afronta desde hace años. Netanyahu está acusado de fraude y soborno y ha conseguido aplazar repetidamente las audiencias gracias a las circunstancias excepcionales derivadas de los conflictos armados. Para algunos observadores, su continuidad al frente del gobierno está estrechamente vinculada a su estrategia judicial.

Pero Trump también tiene sus propios condicionantes. La administración estadounidense ve con preocupación el impacto económico del cierre del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio mundial de petróleo. Irán mantiene bloqueado aproximadamente un 20% del tráfico global de crudo con el objetivo de presionar a Washington y obtener concesiones en las negociaciones.

A pesar de las dificultades, tanto Estados Unidos como Irán continúan dejando la puerta abierta a un acuerdo. Entre las opciones sobre la mesa está el levantamiento parcial de sanciones o el desbloqueo de activos iraníes congelados en el extranjero. Sin embargo, cualquier avance dependerá también de la evolución del conflicto en el Líbano y de la capacidad de Trump para contener las iniciativas de Netanyahu.

Por ahora, la diplomacia continúa avanzando sobre un terreno frágil. Mientras Trump insiste en que el acuerdo está cerca, el futuro de las conversaciones parece condicionado, una vez más, por las decisiones que se tomen en Jerusalén.