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Francia vive este jueves una nueva jornada de movilizaciones mientras la polémica rodea las actuaciones policiales y la nueva arma que los antidisturbios han empezado a utilizar en las manifestaciones. La policía francesa ha incorporado a su arsenal antidisturbios un nuevo dispositivo que parece más propio de una discoteca que de una manifestación: escudos equipados con potentes luces estroboscópicas que emiten flashes intermitentes para deslumbrar, desorientar y frenar el avance de los manifestantes. El sistema se ha estrenado en plena revuelta estudiantil, que este jueves vuelve a llenar las calles de Francia en una cuarta jornada de protestas para reclamar más recursos para la educación pública. La policía defiende estas potentes luces como una alternativa menos violenta para controlar las multitudes, pero su utilización ya ha encendido la polémica. No solo por los posibles efectos sobre la salud de los manifestantes, sino porque las luces también pueden dificultar que los ciudadanos y los periodistas registren las actuaciones policiales, una circunstancia que ha provocado denuncias desde la izquierda francesa.

Los escudos se vieron por primera vez el pasado martes, 6 de octubre, durante la multitudinaria manifestación de estudiantes de secundaria en París. Según ha revelado el diario Le Parisien, algunos agentes de la BRAV-M, las brigadas motorizadas de la policía parisina especializadas en intervenciones rápidas, aparecieron equipados con estos dispositivos, que incorporan una franja de luces LED capaces de emitir flashes blancos o verdes de gran intensidad. El objetivo es crear una barrera visual que obligue a los manifestantes a apartar la mirada y les haga retroceder, especialmente en situaciones de poca luz. 

Una 'bola' de discoteca convertida en arma policial

Para entender cómo funcionan, el secretario general del sindicato policial Vigi-Police, Jérôme Gigot, ha utilizado una comparación bastante gráfica: "Es un poco como una bola de espejos de discoteca, que no puedes mirar durante mucho rato sin sufrir", afirma al diario parisino. La diferencia es que, en este caso, la luz no pretende animar una pista de baile, sino impedir que una multitud avance. El funcionamiento se basa en una sucesión de flashes intensos que dificultan temporalmente la visión. Según la descripción del sindicato policial, el deslumbramiento puede hacer que los manifestantes pierdan el equilibrio o dejen de avanzar hacia los agentes. Sus defensores lo presentan como un método disuasorio que permite mantener las distancias sin necesidad de golpes de porra, proyectiles u otros instrumentos antidisturbios.

Sin embargo, la supuesta inocuidad del sistema está en cuestión. El mismo Gigot reconoce que las luces intermitentes pueden representar un peligro para las personas con epilepsia fotosensible, porque pueden desencadenar crisis. También preocupa el efecto del deslumbramiento y la desorientación en manifestaciones multitudinarias, donde una pérdida momentánea de visión puede aumentar el riesgo de caídas y empujones. Todavía no se han hecho públicos estudios específicos sobre la seguridad de estos escudos en las condiciones en que se están probando en Francia.

¿Un arma para impedir que se grabe a los policías?

Pero la controversia va mucho más allá de los posibles efectos físicos. Uno de los aspectos que ha despertado más inquietud es la capacidad de los flashes para dificultar las grabaciones con teléfonos móviles y cámaras. Las luces intensas pueden alterar la exposición de las imágenes y hacer más difícil distinguir qué pasa detrás de los escudos, precisamente en momentos en que las actuaciones policiales son objeto de escrutinio público. La eurodiputada de La Francia Insumisa, Manon Aubry, ha denunciado que estos dispositivos podrían utilizarse para impedir que los ciudadanos y los periodistas documenten las intervenciones de los antidisturbios. "Es un grave obstáculo al ejercicio de la libertad de información", ha advertido en las redes sociales.

La denuncia abre un debate especialmente delicado en un país donde las actuaciones policiales durante las protestas han provocado fuertes controversias. El mismo representante de Vigi-Police admite que sería condenable que esta fuera la finalidad de los escudos, ya que en Francia no existe ninguna prohibición general de grabar a agentes policiales en el ejercicio de sus funciones. De momento, sin embargo, no hay pruebas de que impedir las grabaciones sea el objetivo oficial de estos dispositivos, presentados como un instrumento de control de multitudes.

Una jornada de máxima tensión

La aparición de esta nueva tecnología policial coincide con un momento de gran tensión social. Este jueves, estudiantes de secundaria y universitarios han convocado una nueva jornada de protestas, la cuarta desde que empezó el movimiento, con manifestaciones en París, Lyon, Marsella y otras ciudades francesas. En la capital, la convocatoria principal tiene como punto de partida la plaza de la Bastilla, dos días después de una movilización que reunió a cientos de miles de personas en todo el país. Según el Ministerio del Interior, el martes se manifestaron unas 266.000 personas.

Las protestas empezaron para denunciar la falta de profesores, la precariedad de las instalaciones educativas y la falta de recursos de los institutos, pero han ido adquiriendo una dimensión política más amplia. Los alumnos denuncian que estudian en centros deteriorados, con clases masificadas y ausencias de docentes que a menudo no son sustituidos. El movimiento también ha incorporado reivindicaciones contra las desigualdades sociales y los recortes en los servicios públicos.

La respuesta policial ha contribuido a alimentar la indignación. Desde que empezaron las movilizaciones, se han producido miles de detenciones y numerosos enfrentamientos entre manifestantes y agentes. Este mismo jueves, la policía ha utilizado gases lacrimógenos para dispersar a estudiantes delante del liceo Hélène-Boucher de París. Según las autoridades, 375 centros educativos franceses se encontraban total o parcialmente cerrados durante la jornada.