La testosterona se ha convertido en una cuestión de Estado en los Estados Unidos de Donald Trump. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha anunciado que todos los militares de 30 años o más deberán someterse anualmente a una prueba para medir sus niveles de esta hormona con el objetivo de garantizar que mantienen su capacidad de combate. Si los resultados indican una deficiencia, podrán acceder, de manera voluntaria, a un tratamiento de reemplazo hormonal.
La iniciativa, presentada en un vídeo difundido por el Pentágono con el título The High-T Department of War (El Departamento de Guerra de la Alta T), va mucho más allá de una revisión médica rutinaria y ha levantado polémica. Para sus defensores, es una manera de optimizar el rendimiento físico de los soldados. Para sus críticos, es un nuevo capítulo de la batalla cultural impulsada por la administración Trump en torno a la masculinidad, el papel de las mujeres en el ejército y las políticas de género. Hegseth justifica la medida recordando que "está científicamente demostrado" que los niveles de testosterona disminuyen de manera natural con la edad.
"Garantizar los niveles adecuados"
"Autorizo un nuevo programa de detección de deficiencia de testosterona para nuestros militares con el fin de garantizar que dispongan de los niveles adecuados de testosterona para operar al máximo de sus capacidades", afirma Hegseth en el vídeo. El programa incorporará estas pruebas a los exámenes médicos anuales obligatorios de los militares mayores de 30 años, mientras que los menores de esta edad podrán someterse a ellas de manera voluntaria.
The High-T Department of War. pic.twitter.com/hlAUq3j2cD
— Secretary of War Pete Hegseth (@SecWar) July 15, 2026
"Esta iniciativa no busca una mejora artificial del rendimiento; se trata de restaurar y optimizar las capacidades naturales, proteger su salud a largo plazo y garantizar que dispongan de la base biológica necesaria para el combate", asegura el secretario de Defensa, exmilitar y expresentador de Fox News, de 46 años, al que le gusta presentarse como el secretario de Guerra, a pesar de que el Congreso no autorizó el cambio de nombre de su departamento.
¿Qué es la testosterona y por qué es importante?
La testosterona es la principal hormona sexual masculina, aunque también está presente en las mujeres en cantidades muy inferiores. Cuando existe una deficiencia clínica, puede provocar fatiga, pérdida de masa muscular, disminución de la densidad ósea, alteraciones del estado de ánimo, falta de concentración o una reducción del deseo sexual. En estos casos, los médicos pueden prescribir tratamientos de reemplazo hormonal, si bien las sociedades médicas recuerdan que un nivel bajo en un análisis no es suficiente para diagnosticar una deficiencia. La Asociación Norteamericana de Urología ha valorado positivamente que se promuevan estas revisiones, pero advierte que el diagnóstico debe combinar los análisis con los síntomas clínicos del paciente.
Los especialistas también recuerdan que la testosterona no es un tratamiento inocuo. Puede provocar infertilidad, acné, aumento del riesgo de trombosis u otras complicaciones cardiovasculares en algunos pacientes, motivo por el cual su administración debe estar médicamente justificada.
La mayoría de los militares no son combatientes
Hegseth defiende la iniciativa argumentando que el principal activo de las Fuerzas Armadas es "el combatiente individual". "Mientras invertimos enormes recursos en armas, plataformas y equipamiento, nuestra ventaja táctica más decisiva seguirá siendo siempre el combatiente", afirma. Pero los datos oficiales matizan este argumento. Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, solo entre un 10% y un 15% del más de un millón de militares estadounidenses desarrollan funciones estrictamente de combate. La gran mayoría trabaja en logística, sanidad, mantenimiento, administración, inteligencia, construcción o reparación. Esto significa que el programa de detección de testosterona afectará también a cientos de miles de militares que no participan directamente en operaciones de combate.
¿Y qué pasará con las mujeres?
Una de las principales incógnitas es si las pruebas también serán obligatorias para las mujeres, que representan cerca del 18% de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, más de 230.000 efectivos. Aunque las mujeres también producen testosterona y sus niveles disminuyen con la edad, Hegseth no ha aclarado si el programa las incluirá. En el vídeo se refiere de manera genérica a los warfighters ("combatientes"), un término neutro en inglés, pero evita cualquier mención específica a las mujeres. Preguntado posteriormente por los periodistas, el Pentágono se limitó a responder que "no tenemos nada que añadir más allá del vídeo del secretario".
La ambigüedad llega después de que Hegseth haya impulsado una profunda reorientación ideológica de las Fuerzas Armadas. Desde su llegada al cargo ha eliminado programas de diversidad e inclusión, ha defendido recuperar los "estándares masculinos" del ejército, ha exigido que las mujeres cumplan los mismos requisitos físicos que los hombres en determinadas unidades de combate y ha sido uno de los principales impulsores de la prohibición del servicio militar de las personas transgénero.
Una hormona convertida en símbolo político
La decisión también se enmarca en una tendencia más amplia dentro del movimiento Make America Great Again (MAGA). En los últimos años, figuras conservadoras como Tucker Carlson o el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., han convertido la testosterona en un símbolo de la recuperación de la masculinidad. Kennedy ha defendido públicamente los tratamientos de reemplazo hormonal para combatir los efectos del envejecimiento, mientras que la misma Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha iniciado la revisión de las advertencias que durante años han acompañado estos medicamentos para los hombres con una disminución natural de testosterona relacionada con la edad.
Este contexto ayuda a entender por qué una decisión aparentemente médica ha adquirido una dimensión política. Para los partidarios de Trump, el programa pretende mantener un ejército más fuerte y preparado físicamente. Para los críticos, en cambio, es una nueva expresión de la batalla cultural del trumpismo, que convierte una hormona en un símbolo de fortaleza, masculinidad e identidad nacional.