Todavía no ha pasado una semana de la derrota de los laboristas en las elecciones municipales de Inglaterra y en los parlamentos de Escocia y Gales (que había sido uno de los grandes feudos del partido), que Keir Starmer ya ha tenido que repetir varias veces que no piensa dimitir como primer ministro del Reino Unido. Y lo hace a pesar de estos resultados electorales nefastos de su partido a raíz, en gran parte, de un descenso de su popularidad en todo el país. Primero fueron sus rivales electorales, tanto los independentistas escoceses y galeses, que consiguieron victorias en sus naciones, como el ultraderechista Nigel Farage, al frente de Reform UK, un partido disparatado y que podría ganar las generales en caso de que Starmer las convocara. Él lo rechazó desde un primer momento. Cada día que pasa, sin embargo, la situación es más complicada en Downing Street, ya que quienes piden a Starmer que dimita, solo dos años después de una gran victoria electoral, son los suyos, los propios laboristas. 

En las últimas horas, la secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local del ejecutivo laborista, Miatta Fahnbulleh, ha dimitido mostrando su rechazo a la gestión del primer ministro, a quien ha reclamado directamente que “haga lo que le toca”, es decir, dimitir. La de Fahnbulleh es la primera dimisión significativa dentro del gobierno británico, pero podría no ser la última, ya que la presión sobre Starmer cada vez es más alta. Este lunes, una sesentena de diputados laboristas han reclamado también un paso al lado de su líder después de la derrota. Este sábado, la parlamentaria Catherine West planteó que, si ninguno de los actuales ministros del gobierno británico se proponía como líder del partido para sustituirlo, ella misma intentaría reunir el apoyo de 81 diputados, el mínimo necesario, para forzar unas primarias y hacerlo dimitir. 

Starmer: “El país espera que continuemos gobernando”

De momento, pero, Starmer parece lejos de querer apartarse. Según han explicado desde su propia oficina, el primer ministro habría trasladado al gabinete este martes que los laboristas “tienen unos mecanismos” para echarlo, pero han decidido no ponerlo en marcha, en referencia a estos 81 diputados planteados por West. “Las últimas 48 horas han sido desestabilizadoras para el gobierno y esto tiene un coste económico claro para el país y las familias”. Además, este miércoles se celebrará en el parlamento británico el conocido como “discurso del rey”, que pronunciará Carlos III y donde se plantearán los planes del gobierno del Reino Unido para los próximos meses. “El país espera que continuemos gobernando, es lo que estoy haciendo y lo que tenemos que hacer como gobierno”, ha trasladado el primer ministro a sus compañeros de equipo, un mensaje que parece alejado de la voluntad de los ingleses, galeses y escoceses en las urnas.