¿Qué queda del hombre cuando su propia existencia es reemplazada por la perfección robótica? Con un tono humorístico y sarcástico, la pieza se convierte en una sátira política y social que invita al espectador a reflexionar sobre el futuro de la humanidad, la relación con la tecnología y el arte en una sociedad cada vez más deshumanizada. En un mundo donde lo humano parece haber dejado de ser necesario, los actores, que ya no actúan, se ven atrapados en un juego de espejos donde la interpretación misma es cuestionada. Después del éxito de Historia de un jabalí (o algo de Ricardo), Gabriel Calderón plantea una nueva creación donde sus personajes reflexionan sobre la utilidad del arte, la fuerza de la interpretación, la identidad y el sentido del trabajo en un contexto donde la humanidad parece estar perdiendo relevancia. Con ecos de La vida es sueño y El gran teatro del mundo, de Calderón de la Barca, el autor uruguayo utiliza este escenario de desesperanza para cuestionar la esencia del ser humano en la era de la automatización.
