Las islas de cocina se han convertido en uno de los elementos más deseados en cualquier reforma, pero no siempre son una buena idea. Xavier Martinell, arquitecto y director de Luzio Studio, advierte de que colocarlas únicamente porque están de moda puede terminar perjudicando la funcionalidad del espacio. “La isla puede ser un recurso magnífico, pero no debería incorporarse porque sí ni solo por tendencia”, explica.
El problema aparece cuando intentamos introducirla en una cocina que no dispone de metros suficientes. Una isla necesita espacio libre alrededor para poder abrir cajones, utilizar electrodomésticos y moverse con comodidad. Si obliga a esquivar muebles constantemente o reduce demasiado los pasos, aquello que parecía una mejora puede terminar convirtiéndose en una molestia diaria.
Una isla necesita espacio para respirar
Martinell insiste en que la proporción es fundamental. La isla debe relacionarse correctamente con los muebles perimetrales y con el resto de la cocina, sin imponerse sobre ellos. Cuando se fuerza su presencia en una planta que no la admite, termina funcionando más como un obstáculo que como una superficie útil.
Además, la distribución debe pensarse a partir de cómo se utiliza realmente la cocina. El arquitecto sigue defendiendo la conocida regla del triángulo de trabajo, que conecta nevera, fregadero y zona de cocción. Si introducir una isla rompe esos recorridos o obliga a dar más vueltas entre los tres puntos, probablemente su ubicación no esté resolviendo ningún problema real.
La funcionalidad debe estar por encima de la tendencia
En cocinas pequeñas, Martinell prefiere priorizar una superficie de trabajo amplia, continua y despejada antes que fragmentar el espacio con elementos innecesarios. Cada centímetro cuenta y una distribución sencilla puede resultar mucho más cómoda que una cocina visualmente espectacular pero difícil de utilizar. La misma lógica se aplica cuando la cocina se abre a la sala de estar. Una isla puede funcionar muy bien como elemento de transición, incorporar taburetes y separar visualmente ambientes sin levantar paredes. Pero debe responder a una necesidad concreta y no simplemente copiar una imagen vista en redes sociales.
Por eso, antes de incluir una isla conviene preguntarse qué función tendrá realmente: si proporcionará almacenamiento, superficie de preparación, una zona para comer o simplemente ocupará espacio. La recomendación de Martinell es clara: diseñar desde la funcionalidad y no desde la moda. Una isla bien planteada puede mejorar muchísimo una cocina; una mal dimensionada puede hacer justo lo contrario.
