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Xavi Hernández es otro ejemplo de futbolista que se ha dedicado al mundo de los negocios. Además de ejercer como entrenador, siendo el actual seleccionador de los Países Bajos, no ha descuidado la inversión en otros sectores, como el de la vivienda. Y puede presumir de una sociedad inmobiliaria con un valor superior a los 20 millones de euros, a la que puso el nombre de Galileu 136 SL, ya que es la dirección de donde había vivido durante su infancia.

Esta empresa está gestionada por su padre y por sus hermanos, y cuenta con 69 activos. Fundada en 1999, esta empresa tiene su sede en Terrassa, su ciudad natal, y cuenta con parkings, pisos, locales, casas u oficinas para alquilar, y en una amplia variedad de localidades. Al margen de la ciudad egarense, también tiene propiedades por la Costa Brava, como Sant Antoni de Calonge o Palamós, y en el Vallés Occidental, reparte sus propiedades por Viladecavalls y Matadepera.

Según explicaban en ‘El Confidencial’, estas propiedades se dividen en una mansión de lujo en Sant Antoni, valorada en más de un millón de euros, una vivienda en el centro de Terrassa valorada en más de 600.000 euros, con tres plazas de aparcamiento, o dos fincas en Matadepera, uno de los municipios más ricos de España. Y, aunque la empresa tuvo pérdidas importantes en años anteriores, como en 2019, cuando registraron medio millón de pérdidas, han logrado remontar la situación.

Xavi Hernández i Núria Cunillera 

De hecho, el ejercicio anterior lo cerraron con unos beneficios que superaban los 300.000 euros. Xavi y su hermano Òscar están totalmente concentrados en sus responsabilidades como entrenadores, pero sin descuidar el negocio familiar. Y los principales gestores son sus otros dos hermanos, Ariadna y Àlex, que se encargan de encontrar nuevas viviendas que puedan resultar interesantes para la inversión, y de gestionar las pérdidas y los ingresos.

Y a todo este patrimonio de Xavi, hay que añadir el que tiene para su uso y disfrute. Por ejemplo, una mansión de lujo en la zona alta de Barcelona, que es donde vivía cuando jugaba y cuando entrenaba al Barça. Siempre que puede, regresa allí para desconectar, y para relajarse junto a su mujer, Nuria Cunillera. Y también conserva su residencia en Qatar, el país al cual llegó en 2015, antes de retirarse profesionalmente, y donde comenzó su carrera como entrenador, dirigiendo al Al-Sadd.