Hablar de Robert Lewandowski es hacerlo de uno de los mejores jugadores del siglo XXI, y de toda la historia. Sus cifras anotadoras lo colocan a la altura de los delanteros más importantes de todos los tiempos, y a nivel de clubes, conquistó todos los títulos posibles durante su etapa por el Borussia Dortmund, el Bayern de Múnich y el Barça. Ahora, juega en las filas del Chicago Fire, en la Major League Soccer, su última aventura antes de colgar las botas.
Para el recuerdo quedarán sus exhibiciones en la Champions League, como ese ‘póker’ en semifinales al Real Madrid, en el año 2013, o los cinco goles en nueve minutos que anotó contra el VfL Wolfsburgo, entrando como revulsivo. Una de las mayores injusticias que se recuerdan es que no entregaran el Balón de Oro en el año 2020, por culpa de la pandemia, cuando todos sabían que lo ganaría el astro polaco, que se tuvo que conformar ‘solo’ con el Trofeo The Best.
Pero lo que poca gente conoce del legendario goleador de 38 años es que no tuvo una infancia nada sencilla. Y es que, aunque no se haya atrevido a hablar de este tema muchas veces, su padre, Krysztof, falleció cuando él todavía era muy joven, 16 años. Fue quien le introdujo esta pasión, y quien le llevaba a todos los partidos y a todos los entrenamientos, convirtiéndose en su fan más importante. Y también fue su entrenador personal, ya que era profesor de educación física.
Lamentablemente, murió por culpa de una larga enfermedad, dejando sola a su madre. Así lo explicaba Lewandowski en una entrevista. “Después de su muerte, a menudo quise hablar con él sobre estas cosas. Hubo tantas veces que deseé poder llamarlo por teléfono, aunque solo fuera por diez minutos. Pero no pude. Mi madre intentó ayudarme en todo lo que pudo, y le tengo mucho respeto por lo que hizo por mí. Tuvo que ser madre y padre a la vez”, dijo en un programa de su país natal.
En ese momento, ya había conseguido entrar en las categorías inferiores de uno de los clubes más importantes de Polonia, el Legia de Varsovia. Y el resto, es historia, pues acabó destacando en el Lech Poznan, el equipo que apostó por él, y le dio la oportunidad de debutar en la élite, antes de marcharse a Alemania, y convertirse en uno de los mejores del planeta.
