Raphinha Dias es uno de los jugadores de moda en todo el planeta, por méritos propios. Su inicio de temporada en el Barça ha sido espectacular, y es considerado como el futbolista más en forma de la actualidad. Sus estadísticas son asombrosas, y muy atrás quedan esos días en los cuales era muy criticado, incluso por su propia afición, y llegó a ser colocado en la rampa de salida. Ahora, es un ídolo, y el capitán, y se encuentra negociando la renovación de su contrato.
Joan Laporta y Deco desean recompensar al atacante brasileño por su actitud y sus actuaciones, y blindarlo a largo plazo, hasta 2030, dos años de validez más que su actual vínculo. Esto también le convertiría en uno de los jugadores mejor pagados en el vestuario del Spotify Camp Nou, ya que las especulaciones sugieren que entraría en el top 3, junto a sus compañeros Lamine Yamal y Rodrigo Hernández, pasando a percibir unos 30 millones de euros al año.
Un premio para el esfuerzo y la dedicación del futbolista de 29 años, quien no pudo tener unos inicios más humildes. Porque como le sucede a muchos cracks que salen de su país, nació en una familia sin demasiados recursos, y sus padres se vieron obligados a luchar cada día para que pudiera cumplir su sueño de convertirse en futbolista profesional. Y no solamente lo logró, sino que ahora juega en uno de los mejores clubes de Europa, y es la gran figura.
“Mira, cuando creces en un lugar como Restinga, una favela en Porto Alegre, aprendes rápidamente que no puedes vivir solo. Tus amigos se convierten en una segunda familia. Sabes que tarde o temprano necesitarán tu ayuda, y tú también necesitarás la suya. Muchas veces apenas teníamos tiempo para comer, así que si un amigo podía compartir algo de comida después del partido, no tenías que volver a casa con hambre. Otras veces no podía permitirme el transporte, lo que me hacía llorar, porque tenía muchísimas ganas de jugar. Pero a veces la madre de un amigo podía pagar el abono mensual de autobús, y de repente ya podías ir”, desveló Raphinha en una conversación con ‘The Players Tribune’.
“Cuando ninguno de nosotros tenía comida, le pedíamos a desconocidos en la calle. Tenías que estar desesperado para hacer eso, pero teníamos muchísima hambre. El problema era que la gente nos tenía miedo. Imagínate: acabas de jugar al fútbol, estás sucio y sudoroso, quizás tengas algunas cicatrices y moretones. Pensaban que queríamos robarles. Mis padres trabajaban duro para que no nos faltara comida. Pero no éramos ricos. Nuestra casa era tan pequeña que tenía que compartir habitación con mis padres y mi hermano pequeño, ¡y con los perros y los gatos! Menos mal que teníamos mascotas. Siempre me alegraban el día”, prosiguió el exjugador de Leeeds United o Sporting de Portugal.
“La gente cree que solo existimos para correr tras un balón durante 90 minutos cada fin de semana, pero también somos seres humanos, y muchos tenemos que sobrellevar la distancia con nuestros seres queridos. El precio es muy alto, sobre todo cuando vienes de lejos como yo. No ves crecer a tus amigos. No conoces a sus hijos. Cuando tus abuelos enferman, no puedes estar ahí para ayudarlos. Como vengo de una favela, también he perdido a muchos amigos por culpa del crimen. Muchos están en la cárcel. Algunos han muerto. Nunca pudimos despedirnos”, sentenció la estrella del Barça, con unas declaraciones que erizan la piel, y ponen en valor todo lo que ha conseguido.
