Pedro Rodríguez fue noticia recientemente, después de que anunciara su decisión de colgar las botas. Después de prácticamente dos décadas de trayectoria, se despidió uno de los últimos supervivientes que quedan de esa plantilla que ganó el Mundial de Sudáfrica, hace ya 16 años. Y lo hizo al comprobar que no tenía ninguna oferta que le convenciera, después de que la Lazio no le renovara su contrato, que expiró el pasado 30 de junio.
Un lustro estuvo en el equipo italiano, donde es considerado una leyenda, a pesar de que previamente estuvo una temporada en el eterno rival, la AS Roma. También dejó un gran recuerdo en el Chelsea, aunque sus principales logros fueron en el Barça. Más de una década pasó en la entidad azulgrana, a la cual llegó procedente del modesto San Isidro, para reforzar al Juvenil A. Posteriormente, gracias a sus actuaciones en los dos filiales, se consagró en el primer equipo.
Y el resto es historia, ya que conquistó absolutamente todos los títulos posibles, teniendo un papel muy importante en todos, y formando uno de los mejores tridentes que se recuerdan en el Spotify Camp Nou, junto a David Villa y Leo Messi. Pero no todo fue tan fácil para el delantero tinerfeño, quien se tuvo que alejar de su familia y de sus amigos cuando todavía no había cumplido los 17 años, para tratar de perseguir el sueño de su infancia.
Durante la entrevista que concedió recientemente al diario ‘Mundo Deportivo’, Pedro también explicó lo complicados que fueron sus primeros días en la ciudad condal, a tantos kilómetros de su isla natal. Por suerte, se acabó adaptando de maravilla a la Masía, y ahora afirma que guarda un magnífico recuerdo de esa etapa de su vida, aunque también admite que la idea de rendirse y de dejarlo todo le pasó por la cabeza en alguna ocasión.
Los días más complicados de Pedro en la Masía
Pedro recordó los días más complicados que tuvo en la Masía, con unas declaraciones muy sinceras. “Lo primero que me viene a la mente es que tanto esfuerzo, el cambiar quizá tu vida y pasarlo mal aquí al inicio, valió la pena. Fue muy duro, no como quizá la gente pueda ver desde fuera. Llegas al mejor club y a una gran ciudad como Barcelona desde una isla pequeña y un club pequeño. El catalán también me costó un poco, sobre todo a nivel académico. En Tenerife tenía una vida digamos muy callejera, jugando al fútbol con mis amigos. Aquí había unas normas muy estrictas en La Masia: dormir a una temprana, descansar, estudiar, comer bien... Todo eso al principio me costó mucho. Y encima no tenía cerca ni a mi familia, ni a mis amigos. Lloraba mucho, mi padre siempre estaba detrás para darme ánimos, para alentarme y realmente tenía razón. No sabía que era mi única oportunidad de poder llegar a un gran club como el Barça”, explicó.
“Un montón de veces llamaba a mi padre diciéndole que me sacara de aquí. No porque estuviera mal, sino por lo que estamos hablando. Al final aquí tienes todas las comodidades del mundo, estás en el mejor equipo del mundo, todo controlado, las horas de descanso, comida, tienes todo lo mejor aquí, pero echaba de menos cosas básicas como hablar con mis amigos en un banco mientras comías pipas, jugar en el polideportivo como jugaba yo a lo mejor 10 horas seguidas, irte a la playa con tus amigos por la mañana...”, añadió para finalizar.
