Pedri González nunca ha tenido ningún problema a la hora de confesar algunos de sus secretos más íntimos. Le encanta explicar detalles sobre su vida privada, y recordar su infancia, ya que cree que ha sido un privilegiado, y ha recibido una educación exquisita. Esto le ha permitido ser uno de los jugadores más respetados por todas las aficiones, ya que nunca entra en polémicas, ni realiza declaraciones que puedan interpretarse de manera inadecuada.
Es ovacionado por todos los públicos, y es un icono en el Barça, donde ya es uno de los capitanes, a pesar de tener tan solo 23 años. En ‘The Players Tribune’, el centrocampista canario también valoró el increíble esfuerzo que hicieron sus padres, y lo importantes que han sido siempre para mantenerle con los pies en el suelo. Y si hay una figura que también considera que ha sido clave a lo largo de su vida, es su abuelo, quien le hizo aficionado del conjunto azulgrana.
“Mi abuelo llevaba la Tasca Fernando, la mayor peña del Barça en las Canarias. Era un restaurante de tapas de los de toda la vida, con el techo de madera, las sillas de madera, la barra de madera, todo de madera. En las paredes había fotos de nuestra familia, nuestra familia real y los jugadores del Barça, claro”, comenzó diciendo el exfutbolista de la UD Las Palmas, que debutó en La Liga Hypermotion antes de haber cumplido los 17 años.
“Yo crecí corriendo entre las mesas. Mi abuela no soportaba que mi hermano y yo jugáramos la final del Mundial mientras ella iba llevando la comida a las mesas, así que siempre nos mandaba abajo, a la “sala VIP”. Era como un pequeño sótano debajo del restaurante, donde guardaban el vino y las cajas. Pasé buena parte de mi infancia allí abajo, chutando la pelota contra la pared. De hecho, tenía 7 años cuando ganamos el Mundial de Sudáfrica”, relata Pedri, quien este verano cumplió uno de sus sueños de la infancia, ganando la Copa del Mundo, dos años después de conquistar la Eurocopa.
“Mi padre tiene una perspectiva fantástica de la vida. De joven fue muy buen portero, pero tuvo que renunciar a su sueño cuando falleció mi abuelo para poder llevar el restaurante. Mi padre y mi tío eran los únicos camareros, hasta que mi hermano creció y le pusieron a trabajar. A mí, la verdad, nunca me hicieron trabajar. Vieron algo especial en mí. Y siempre tenía permiso para salir y jugar al fútbol después de la escuela. ¡Excepto un día! ¡Un famoso día! Cuando acabó la jornada, le dije a mi padre. “Sinceramente. Os tengo mucho respeto a ti y a Pepe. Estoy destrozado”, añadió para finalizar, poniendo en valor el esfuerzo que hizo toda su familia para que él pudiera triunfar.
