Miles de personas en España se llevan cada año un susto importante cuando hacen la declaración de la renta tras haber estado en paro. No es un error de Hacienda ni un cambio de criterio fiscal de última hora. La realidad es mucho más sencilla: el SEPE retiene muy poco IRPF en las prestaciones por desempleo, y eso acaba pasando factura meses después si no se hace un ajuste a tiempo.
Durante los meses en los que una persona cobra el paro, el Servicio Público de Empleo Estatal aplica retenciones mínimas, incluso en prestaciones que superan los 900 o 1.000 euros mensuales. Esto provoca que el beneficiario no esté pagando impuestos de forma regular, acumulando una deuda fiscal que Hacienda ajusta de golpe cuando llega la campaña de la renta. El resultado suele ser de declaraciones negativas de 300, 600 o incluso más de 1.000 euros.
El error más común al cobrar el paro
El problema se agrava especialmente cuando el desempleado ha tenido dos pagadores en el mismo año, algo muy habitual: primero la empresa y después el SEPE. En estos casos, el límite para estar obligado a declarar es más bajo y el impacto del ajuste fiscal es mayor. Muchas personas creen que, al cobrar menos que cuando trabajaban, no tendrán problemas, pero ocurre justo lo contrario, acaban pagando mucho más.

Y es que el paro sí tributa como rendimiento del trabajo, igual que un salario. La diferencia está en las retenciones. Mientras una empresa suele ajustar el IRPF a la situación personal del trabajador, el SEPE aplica un criterio muy conservador que deja casi toda la carga fiscal pendiente para el final del ejercicio. Lo que muchos desconocen es que existe una solución sencilla como solicitar una retención voluntaria más alta al SEPE. El beneficiario puede pedir que se le aplique un porcentaje mayor de IRPF cada mes, de forma similar a una nómina normal.
A quién afecta más y por qué conviene hacerlo
Este trámite puede hacerse por la sede electrónica del SEPE, por teléfono o de manera presencial con cita previa. No implica pagar más impuestos, sino repartirlos mejor a lo largo del año, evitando sobresaltos posteriores.
Este ajuste es especialmente recomendable para quienes cobran prestaciones medias o altas, para los que han trabajado parte del año y para quienes prefieren estabilidad financiera. Los asesores fiscales lo advierten cada campaña: no hacer este cambio es una de las principales causas de declaraciones negativas entre los parados.
De este modo, una gestión sencilla durante el cobro del paro puede marcar la diferencia entre una renta tranquila o un pago inesperado de cientos de euros. Conocerlo y actuar a tiempo es clave.