Ahorrar no siempre depende únicamente de cuánto se gana. Pablo Gil insiste en que uno de los errores más frecuentes consiste en esperar a final de mes para guardar lo que haya sobrado. El problema es que, cuando el ahorro ocupa el último lugar, cualquier gasto imprevisto, compra impulsiva o pequeño capricho termina absorbiendo el dinero que supuestamente debía reservarse.
Su planteamiento parte de una idea sencilla: el ahorro debería tratarse como un gasto fijo más. En lugar de cobrar, pagar todo y comprobar después si queda algo, propone separar primero una cantidad asumible y organizar el resto del presupuesto con el dinero disponible. No se trata de ahorrar cifras enormes, sino de cambiar el orden en el que tomamos las decisiones.
Ahorrar primero cambia completamente el presupuesto
Este sistema suele conocerse como “pagarse a uno mismo primero”. Cuando llega el sueldo, una parte se aparta automáticamente antes de empezar a gastar. Puede ser un porcentaje o una cantidad fija adaptada a cada economía doméstica. Lo importante es que esa transferencia deje de depender de la fuerza de voluntad que tengamos al terminar el mes.

Gil también pone el foco en controlar los gastos. Muchas personas conocen perfectamente cuánto cobran, pero no cuánto destinan realmente a comidas fuera de casa, suscripciones, compras pequeñas o pagos recurrentes. Individualmente parecen cantidades poco importantes, aunque acumuladas pueden explicar por qué el supuesto margen de ahorro desaparece semana tras semana.
No todo el mundo puede ahorrar lo mismo
El método tampoco significa ignorar una realidad evidente: existen hogares cuyos ingresos apenas permiten cubrir vivienda, alimentación, energía y otras necesidades básicas. En esos casos, el problema no se soluciona reorganizando partidas. Sin margen disponible, exigir un porcentaje concreto de ahorro sería poco realista. La estrategia debe adaptarse siempre a los ingresos y gastos de cada persona.
Pero cuando sí existe cierto margen, esperar a ver qué sobra suele jugar en contra. Convertir el ahorro en una decisión tomada al principio del mes permite establecer una prioridad y ajustar después los gastos variables. Esa es la diferencia que plantea Gil: no ahorrar accidentalmente cuando queda dinero, sino decidir previamente cuánto queremos conservar. Automatizar una transferencia justo después de cobrar puede facilitarlo todavía más. La clave no está en empezar con una cantidad espectacular, sino en crear un sistema que pueda mantenerse mes tras mes sin depender continuamente de la motivación y de decisiones improvisadas de consumo.