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Miki Núñez siempre ha intentado mantener una relación cercana con sus seguidores. Desde que salió de Operación Triunfo y pasó a ser una figura conocida, el cantante catalán ha explicado que normalmente no tiene ningún problema en hacerse fotos, firmar autógrafos o detenerse unos minutos con quienes siguen su música. Sin embargo, también reconoce que existen situaciones en las que la fama puede traspasar límites bastante evidentes.

Una de las anécdotas más extremas la vivió precisamente en un gimnasio. Núñez contó en una entrevista con El País que un hombre se acercó a él cuando acababa de salir de la ducha para pedirle un autógrafo. “Le dije que al menos me dejara que me vistiera”, recordó. En otra conversación llegó incluso a explicar que alguna vez le habían pedido una fotografía dentro de la propia ducha, estando desnudo.

La fama también tiene momentos incómodos

El cantante asegura que lleva bastante bien el reconocimiento público y que entiende perfectamente por qué alguien puede querer una fotografía. Para él, que una persona escuche sus canciones y quiera acercarse supone también una forma de valorar su trabajo. Por eso procura no rechazar a nadie cuando la petición se hace con educación y en un contexto razonable.

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El problema aparece cuando desaparece esa consideración. Núñez ha reconocido que lo que peor lleva no es que lo reconozcan, sino encontrarse con personas que no respetan determinados momentos privados. Incluso después de años de exposición pública, continúa frecuentando muchos de los mismos lugares y manteniendo una vida bastante similar a la que tenía antes de hacerse famoso.

Intenta seguir haciendo una vida normal

La popularidad de Miki Núñez cambió radicalmente después de su paso por Operación Triunfo y de representar a España en Eurovisión. De repente comenzó a ser reconocido constantemente por la calle, una situación a la que tuvo que adaptarse con poco más de veinte años. Aun así, siempre ha defendido que intenta gestionar esa fama con naturalidad y sin modificar demasiado sus rutinas.

Por eso, incluso anécdotas tan surrealistas como la del gimnasio las cuenta con humor. Núñez sabe que ser conocido implica renunciar a cierta privacidad, pero también cree que debe existir un límite. Una fotografía después de un concierto forma parte de su trabajo; tener que explicar a alguien que necesita vestirse antes de firmarle un autógrafo demuestra hasta qué punto algunos seguidores pueden olvidar que detrás del artista continúa habiendo una persona con momentos que deberían seguir siendo privados.