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María tiene 30 viviendas en alquiler en Catalunya y rechaza que su actividad se describa como cobrar rentas sin hacer nada. La propietaria explicó a El Español que también ha intervenido personalmente en el mantenimiento de sus inmuebles: “He pintado y reformado con mis propias manos”. Su queja apunta al reconocimiento de esa dedicación, que considera inseparable de la gestión del patrimonio del que obtiene sus principales ingresos.

En este sentido, resume su malestar con una frase: “Me molesta mucho que me digan que no trabajo”. Según su testimonio, su jornada comienza a las ocho de la mañana y está ocupada por las obligaciones relacionadas con los pisos. También asegura que sus alquileres se ajustan al índice de referencia o están por debajo. Son afirmaciones con las que defiende cómo desarrolla una actividad que mantiene desde hace dos décadas.

Treinta viviendas y una gestión que reivindica como trabajo

El tamaño de su cartera permite entender la dimensión de lo que plantea. Cada vivienda constituye una relación de alquiler diferente, con sus pagos, comunicaciones y necesidades de conservación. Tener 30 pisos multiplica los asuntos que pueden coincidir en un mismo periodo. Su defensa se apoya precisamente en esa gestión: considera que el ingreso mensual también lleva asociado un trabajo que queda fuera de la cifra de propiedades.

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De esta manera, conviene distinguir entre el patrimonio acumulado y las tareas necesarias para administrarlo. El primero explica la capacidad de obtener rentas; las segundas, el tiempo destinado a mantener esa actividad. María centra su reivindicación en este segundo aspecto. No ofrece un desglose completo de horas, gastos e ingresos, pero sí describe una implicación personal que incluye tanto trabajos de reforma como la atención a conflictos.

Los impagos la han llevado a empezar a vender

Entre los problemas que relata figuran dos inquilinos que, según asegura, acumulan un año sin pagar. Afirma que está recurriendo a sus ahorros y que también espera compensaciones de la Generalitat. Ese desgaste la ha llevado a comenzar a vender parte de sus inmuebles. Su decisión, tal como la presenta, responde a la decepción con una actividad que sigue siendo su principal fuente de ingresos.

Así pues, su testimonio combina una defensa del trabajo que realiza con un cambio de estrategia sobre sus propiedades. Vender significa reducir la exposición al alquiler y también las gestiones vinculadas a las viviendas que salgan de su cartera. En su relato, ambas cuestiones van unidas: reivindica la dedicación que exige mantener los pisos mientras empieza a desprenderse de ellos.