Marcos Llorente es uno de los futbolistas más extravagantes que se pueden encontrar. No tiene ningún miedo a la hora de coger el micrófono, y de explicar lo que piensa, o de compartir su estilo de vida, que es realmente atípico en los deportistas de élite. Es habitual verlo con las gafas naranjas, para protegerse de la contaminación lumínica, mientras que también explica que le gusta madrugar para ver el amanecer, y que tiene una dieta muy estricta.
Se ha ganado a pulso el mote de ‘rara avis’, aunque afirma que este cambio en sus rutinas es lo que le ha permitido lucir un físico imponente, y mostrar un gran nivel sobre el terreno de juego. Y para alimentar más la polémica, hace unas semanas sorprendió a todos con su decisión de retirarse de la selección española, con tan solo 30 años, y después de haber conquistado el Mundial un par de meses antes. Pero aquí no acaba la cosa.
Porque el futbolista del Atlético de Madrid, en una entrevista con Juanma Castaño para ‘El Partidazo’ de la Cadena COPE, también ha revelado que ha dejado de gastar dinero en relojes y en otros artículos de lujo. Ahora, su nueva afición es comprar vinos, y tiene una amplia colección de botellas en la bodega de su casa. Algunos, incluso, tienen un valor superior a los 20.000 euros, con una conserva que ronda los 30 años. Una auténtica barbaridad.
“Me encanta el vino. No solo estás bebiendo vino, estás bebiendo la historia que hay detrás de cada botella, de la familia que elabora el vino. Soy un apasionado, me parece un mundo muy bonito, que tú probando u oliendo el vino te transporte a otro lugar. Lógicamente, no recomiendo ingerir bebidas alcohólicas, pero en mi caso, si tengo que poner una balanza el vino, tengo que decir que compensa. No bebo todos los días, pero cuando lo hago, es un momento maravilloso”, fueron las palabras de Llorente.
Viendo estas declaraciones, se puede esperar que sea otro futbolista más que se atreve a dar el paso y a crear un negocio relacionado con el mundo del vino, como en su momento hizo Andrés Iniesta, que es el ejemplo más sonado.
