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Marc Giró ha vuelto a demostrar que pocas personas saben convertir los recuerdos de infancia en una historia tan peculiar como él. El presentador explicó en Lo de Évole que durante una etapa de su niñez estaba completamente convencido de que era gitano. No se trataba de una gran revelación familiar ni de algo que sus padres le hubieran explicado, sino de una conclusión a la que llegó por la manera en la que una vecina se dirigía a él cada vez que se cruzaban.

“Yo de pequeño creía que era gitano”, recordó Giró. La mujer lo cogía cariñosamente y le decía cosas como “este niño, gitanot” o “qué gitano tan guapo”. Él terminó entendiendo aquellas expresiones literalmente y asumió con absoluta naturalidad que aquello formaba parte de su identidad. La historia llegó tan lejos que acabó trasladando esa certeza también al colegio.

Llegó al colegio convencido de que era gitano

Un día, en clase, les pidieron que explicaran quiénes eran. Giró no tuvo ninguna duda y contó a sus compañeros que era gitano, además de añadir otros detalles de su vida familiar, como que tenía un perro llamado Lope de Vega. Su profesora quedó sorprendida porque aquella información no encajaba con lo que conocía sobre la familia.

Marc Giró a 'Lo de Évole' La Sexta2

La situación terminó provocando una conversación con sus padres. Según relató Giró, la profesora llamó a su familia intrigada por aquello que había explicado el niño. La reacción de su madre fue todavía más característica: si Marc decía que era gitano, pues quizá lo era. Una respuesta que encaja con el ambiente excéntrico y poco convencional con el que él mismo ha descrito muchas veces su infancia.

Descubrir la verdad terminó siendo una decepción

Con el tiempo, Giró descubrió que había entendido mal aquellas palabras de su vecina y que realmente no era gitano. Lejos de recordarlo como una corrección incómoda, lo cuenta con humor: enterarse fue “una decepción total”.

La anécdota resume bastante bien el universo familiar que Giró ha descrito en diferentes entrevistas: una casa donde la cultura tenía mucha importancia, unos padres poco convencionales y un niño con una imaginación enorme. Una simple expresión cariñosa de una vecina bastó para que construyera durante años una identidad completamente propia y la defendiera con absoluta seguridad incluso delante de sus profesores.