Marc Bové dejó su vivienda del centro de Tarragona y se instaló temporalmente en un estudio de 27 metros cuadrados para reducir gastos y poder seguir invirtiendo. También vendió el Audi A5 que tenía financiado. “La gente se pensaba que se me había ido la olla”, recordó en el pódcast Libertad Inmobiliaria, cuando lo presentó como propietario de 17 pisos.
En este sentido, el cambio de vivienda respondía a un problema concreto: sus deudas le impedían conseguir otra hipoteca. En una entrevista anterior explicó que cobraba unos 3.000 euros mensuales, pero acumulaba dos hipotecas, préstamos personales y las cuotas del coche. Había encontrado una vivienda para invertir, había entregado una señal y necesitaba financiación para completar la compra. Ocho bancos rechazaron su solicitud.
Un estudio con la cama junto a la cocina
La solución que eligió afectó directamente a su comodidad. Primero pasó un tiempo en casa de sus padres y después encontró aquel apartamento, por el que pagaba 500 euros al mes. En el pódcast Nice to Fit You describió un único ambiente, con la cama pegada a la nevera y a la cocina. También recordó que durante los meses que vivió allí tuvo que lidiar prácticamente a diario con cucarachas.
De esta manera, mantener su anterior nivel de vida dejó de ser la prioridad. Sustituyó su coche por otro antiguo, sin aire acondicionado, y concentró sus esfuerzos en reducir las obligaciones que dificultaban la financiación. El contraste explica la reacción que él mismo describe: tenía un sueldo estable y una vivienda cómoda, pero aceptó empeorar temporalmente sus condiciones para intentar cerrar una compra que todavía estaba pendiente.
Del recorte de gastos al crecimiento de su patrimonio
Después llegaría la expansión de su cartera. Contó que utilizó financiación hipotecaria para adquirir más viviendas y que amplió una hipoteca en 50.000 euros para continuar comprando. Su planteamiento consistía en aprovechar el patrimonio acumulado y buscar inmuebles cuyos alquileres permitieran atender las cuotas. En aquella etapa, explicaba que gestionaba viviendas completas, en lugar de dividir su explotación por habitaciones.
Así pues, los 27 metros forman parte de una decisión que Bové cuenta como un paso previo a su crecimiento inmobiliario. El estudio resume el coste cotidiano de aquella apuesta: menos espacio, menos comodidad y una reducción deliberada de gastos mientras intentaba cambiar su situación económica.
