Lídia Heredia recuerda su infancia desde una perspectiva muy alejada de cualquier lujo. La periodista creció en Badalona y pasó buena parte de sus primeros años entre dos familias con realidades bastante diferentes: por un lado, unos abuelos maternos con una casa más grande y una segunda residencia en Campelles; por otro, unos abuelos paternos que vivían en un piso muy pequeño donde, pese a las limitaciones, conserva algunos de sus recuerdos más felices.
Así lo explicó en una entrevista con VilaWeb publicada en junio de 2019. Al hablar de sus abuelos paternos, Heredia recordó aquellos veranos de una manera muy gráfica: “Meses de verano bajo techos de uralita, bañarme en un barreño, y la fiesta era esta”. Es decirque con aquello ya era suficiente para convertir el día en una fiesta.
Un piso pequeño que recuerda como un lugar feliz
El padre de Heredia procedía de una familia humilde. Su abuelo paterno había llegado a Badalona desde un pequeño pueblo de Málaga siendo todavía un niño y su padre empezó a trabajar muy joven, después de estudiar poco. Con el tiempo abrió un taller mecánico en la calle Indústria de Badalona.
La periodista no recuerda aquella falta de espacio con amargura. Todo lo contrario. En la misma entrevista explicaba que tiene la sensación de que sus dos parejas de abuelos contribuyeron mucho a que tuviera una infancia feliz.
Dos familias y dos maneras distintas de vivir
La diferencia entre ambas ramas familiares también forma parte de sus recuerdos. Mientras los abuelos paternos vivían en aquel piso diminuto, los maternos tenían una vivienda bastante más grande y una segunda residencia en Campelles. Heredia creció, por tanto, moviéndose entre dos entornos muy diferentes.
Lo interesante es que, cuando mira hacia atrás, no relaciona necesariamente la felicidad con el espacio, las comodidades o el dinero. Sus recuerdos más sencillos tienen precisamente mucho peso. Aquellos veranos bajo la uralita, bañándose en un barreño, resumen una infancia donde lo extraordinario podía ser algo tan básico como refrescarse en casa de los abuelos. Décadas después, Heredia sigue recordándolo como una auténtica fiesta.
