Laura Escanes ha hablado con mucha naturalidad sobre cómo vivió la separación de sus padres cuando era pequeña y sobre una sensación que ahora reconoce con cierta distancia: le daba vergüenza que estuvieran separados. La creadora de contenido ha explicado que durante años percibió su situación familiar como algo distinto a lo que veía a su alrededor, y que esa diferencia le pesaba más de lo que entonces sabía expresar.
“Me daba vergüenza que estuvieran separados”, ha reconocido Escanes al recordar aquella etapa. No porque hubiera dejado de sentirse querida, sino porque de niña interpretaba la separación de sus padres desde los códigos de su entorno. En una edad en la que encajar tiene tanta importancia, cualquier elemento que haga sentir diferente puede convertirse en una fuente de inseguridad.
Cuando ser diferente pesa más de lo que parece
La experiencia de Laura Escanes refleja algo habitual en muchos niños cuyos padres se separan. Aunque para los adultos una ruptura pueda gestionarse con normalidad, para un menor también puede significar reorganizar rutinas, repartir el tiempo entre dos casas o explicar a otros una realidad familiar distinta.
En su caso, la vergüenza tenía mucho que ver con esa sensación de no responder al modelo de familia que ella consideraba normal. Con los años, sin embargo, la perspectiva cambia. Lo que de pequeña podía vivir como algo incómodo termina entendiéndose como una circunstancia familiar más, sin que determine necesariamente la calidad del vínculo con los padres.
De adulta ha podido reinterpretar aquella etapa
Escanes ha hablado en distintas ocasiones sobre cómo la maternidad y el paso del tiempo le han hecho revisar muchos recuerdos de su propia infancia. Convertirse en madre también obliga a mirar de otra manera las decisiones que tomaron los propios padres y a entender que la vida familiar rara vez responde a una estructura perfecta. Aquella vergüenza que pasó en su etapa infantil, vista desde la edad adulta, adquiere así otro significado. Ya no se trata tanto de la separación en sí como de cómo una niña procesa algo que no comprende del todo y que siente que la distingue de sus compañeros.
La experiencia sirve para recordar que los niños no siempre expresan directamente lo que les preocupa. A veces lo convierten en silencio, incomodidad o vergüenza. Y precisamente por eso, explicar los cambios familiares de forma clara y hacerles sentir que su realidad no tiene nada de extraño puede resultar especialmente importante.
