Japón suele proyectar hacia el exterior una imagen de orden casi milimétrico un respeto riguroso por las reglas que aquí nos parecen menores. Para quienes llegan desde países mediterráneos, donde ciertos comportamientos urbanos se perciben con mayor flexibilidad, el contraste puede resultar chocante y caro. Laura Alcaraz, española que ha vivido en el país asiático, resume esa diferencia con una advertencia que ha llamado poderosamente la atención: “Nunca cruces una calle en rojo, me pusieron una multa de 5,000 euros”.
Más allá de la anécdota, que no fue barata, el testimonio refleja un aspecto central de la vida en Japón como lo es la disciplina social. Allí, el cumplimiento de las normas de tráfico no se interpreta como una recomendación, sino como una obligación estricta. La señalización, los semáforos y las reglas de convivencia forman parte de un sistema donde la infracción, incluso en situaciones aparentemente menores, puede tener consecuencias importantes para todos. Para muchos extranjeros, acostumbrados a cruzar cuando no viene nadie, la adaptación exige un cambio profundo de mentalidad.
Un país donde nadie negocia las normas
La cultura japonesa se caracteriza por una fuerte interiorización del respeto a la norma. No se trata únicamente del temor a la sanción, sino de un componente social muy arraigado sobre el hecho de que incumplir una regla implica alterar el equilibrio colectivo por el que tanto velan. Esa lógica se percibe en múltiples ámbitos de la vida diaria, desde el silencio en el transporte público hasta la estricta organización de las colas o la separación meticulosa de residuos. En la vía pública, el comportamiento peatonal sigue la misma filosofía.
@laura_alcaraz83 El lado oscuro del que nadie habla 😶
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Quienes han residido en Japón suelen destacar que resulta prácticamente impensable ver a grupos de personas cruzando en rojo de forma masiva como pasa en España. Incluso en calles desiertas y de madrugada, muchos peatones esperan pacientemente a que aparezca la luz verde. La escena, que para un visitante europeo puede parecer exagerada, ilustra hasta qué punto el respeto a las normas forma parte del tejido social. En ese contexto, las sanciones actúan como un refuerzo adicional a las costumbres que ya tienen.
El impacto del choque cultural
Experiencias como la relatada por Laura ponen de relieve una realidad frecuente entre expatriados, porque lo que en un país puede considerarse una falta leve o incluso una práctica habitual, en otro puede interpretarse como una infracción grave. Japón no solo aplica la ley con rigor, sino que mantiene una expectativa social de cumplimiento casi absoluto.
La vida en Japón obliga a observar, aprender y desaprender hábitos adquiridos durante años. El sistema funciona bajo una lógica distinta, donde la previsibilidad, la armonía social y el respeto por la norma ocupan un lugar prioritario.