Lamine Yamal es un claro ejemplo de que se puede llegar a lo más alto en el mundo del fútbol teniendo unos orígenes muy humildes. Su vida está llena de adversidades desde que era un niño, que nació en una familia con pocos recursos, aunque fue una ayuda enorme que entrara tan pequeño en las categorías inferiores del Barça, con tan solo siete años. Desde ese momento, estuvo a cargo del club, y esto le permitió poder llegar al primer equipo en tiempo récord.
Pero durante todo este camino, una persona que jamás se ha separado de su lado es su madre, Sheila Ebana, a quien siempre le agradece todo lo que hizo por él. Se sacrificó enormemente para asegurarse de que a su hijo no le faltara de nada, y para que pudiera concentrarse en cumplir su sueño, que era el de llegar a ser futbolista profesional. Y todo el esfuerzo mereció la pena, viendo que ahora es uno de los mejores futbolistas del planeta.
No obstante, para Sheila fue un desafío mayúsculo, para empezar, porque tuvo a Lamine muy joven, con 21 años, y era su primer hijo, así que no tenía experiencia. Para complicar más las cosas, se separó de Mounir Nasraoui, el padre de Yamal, tan solo tres años después. Y tuvo que comenzar a trabajar muchas horas, sobre todo, en el McDonald’s, que fue donde pasó más tiempo, percibiendo un salario bajo, pero que le permitía cubrir todas las necesidades básicas.

El documental ‘304’ explica alguno de los secretos más privados del jugador de 19 años, y uno de ellos es el sacrificio de Sheila para poder comprarle una PlayStation a Lamine. Estuvo ahorrando durante varios meses, y sacrificando una serie de lujos, para darle una alegría enorme, un detalle que jamás ha olvidado. “Cuando llegaba a casa lo que hacía era hablar conmigo, hacía la comida y se marchaba a trabajar. Siempre le digo a mi madre que le agradezco mucho porque con lo difícil que lo tenía ella, me hizo no ver nada malo. Entonces, a lo mejor no tenía la mejor infancia del mundo, pero ella hacía que solo viera lo bonito y disfrutar. No tengo nada que reprochar”, dijo Yamal a la hora de referirse a su madre.
Con 12 años, Lamine se marchó a vivir a la Masía, mientras que su madre se quedó en Granollers, donde siguió animando a su hijo y tratando de verlo todas las veces posibles. Actualmente, Sheila reside en Premià, y cuida de su segundo hijo, el pequeño Keyne, que ya es todo un fenómeno en las redes sociales.