Para Lamine Yamal, una casa puede tener muchas habitaciones, pero hay una en la que sabe que acabaría pasando buena parte del tiempo. “Puedo tener la mansión más grande del mundo que estaré siempre en la sala de la Play”, explicó en una entrevista con José Ramón de la Morena. Una frase que acerca su vida a un plan reconocible: quedarse en casa jugando con un amigo.
En este sentido, su afición tiene una historia familiar. El futbolista recordó que sus primeras PlayStation, la segunda y la tercera, habían sido de segunda mano. Después llegó la cuarta, un regalo de su madre que tuvo un significado especial para él. En aquella conversación contaba que ya jugaba con la quinta y compartía partidas con un amigo de La Masia. La consola aparecía así vinculada a recuerdos y compañía.
La habitación que importa más que los otros lujos
La referencia a una mansión funciona como una exageración para explicar una preferencia. No hace falta imaginar salones enormes ni instalaciones extraordinarias para entenderla: el espacio favorito puede ser aquel donde uno encuentra su entretenimiento habitual. En una vivienda, los metros disponibles y los metros que realmente se disfrutan no siempre coinciden. Una pantalla, unos mandos y alguien con quien jugar pueden concentrar todo el plan.
De esta manera, la frase tiene interés por lo doméstico. Habla de esa habitación que acaba ganando a las demás porque está asociada a una costumbre. Puede ser la cocina para quien disfruta preparando la cena o una terraza para quien busca leer al aire libre. En el caso que describía Lamine, ese lugar estaba alrededor de la consola y de las partidas compartidas.
La casa que eligió su madre
En la misma entrevista, el jugador explicó que había comprado una vivienda a su madre y que dejó que ella escogiera la zona y la casa. Recordó las dificultades anteriores, cuando habían vivido en un piso donde cocina y habitación compartían espacio, y expresó su satisfacción por verla feliz y por ofrecer a su hermano unas condiciones de vida mejores.
Así pues, al hablar de vivienda, Lamine dejó dos imágenes: la tranquilidad de mejorar la casa de su familia y el gusto por seguir disfrutando de un entretenimiento conocido. La frase de la mansión resume esa segunda idea con humor. Por muchas puertas que tuviera, él ya sabía cuál abriría para pasar un buen rato.
