Judit Mascó convirtió buena parte del dinero que ganó durante sus años de mayor éxito en las pasarelas en algo muy concreto: su casa familiar en Barcelona. La modelo, que llegó a trabajar en algunos de los principales mercados internacionales de la moda, explicó que tomó una decisión patrimonial importante cuando quiso construir el hogar en el que desarrollar su vida personal. “Invertí en ella la mayoría de los ahorros de mi trabajo como modelo”, confesó al hablar de la vivienda.
No se trata únicamente de una propiedad valiosa, sino de un proyecto pensado desde el principio alrededor de su familia. Mascó la definió como una casa abierta, luminosa, práctica y con jardín, concebida para una familia numerosa. Para darle forma contó con las arquitectas Yolanda Gil e Inés de Rivera, que diseñaron un espacio adaptado a sus necesidades y con una clara inspiración nórdica.
Una casa hecha a medida con sus ahorros
La modelo tenía muy claro que no quería una vivienda recargada. Su prioridad era conseguir espacios sencillos, luminosos y fáciles de mantener. Por eso predominan el cristal, el blanco y materiales naturales como la madera y la piedra. La propia Mascó explicó que, al ser muchos en casa, necesitaba reducir al máximo el trabajo cotidiano que exigiera la vivienda.
La inversión tiene además un significado especial porque procede directamente de su etapa profesional más intensa. Mascó empezó muy joven en la moda y terminó trabajando en ciudades como Milán, París o Nueva York. Aunque aquella carrera le abrió las puertas de una industria internacional, siempre mantuvo Barcelona como centro de su vida personal y llegó a reconocer que quedarse aquí probablemente le hizo perder algunas oportunidades profesionales.
Barcelona por delante de una carrera internacional
Esa elección ayuda a entender por qué destinó buena parte de sus ahorros a construir su hogar en Catalunya. Mientras otras modelos de su generación podían trasladarse definitivamente a los grandes centros de la moda, ella priorizó establecer una base estable junto a su marido y sus cuatro hijas. La vivienda terminó convirtiéndose en una de las inversiones más importantes de todo lo que había conseguido trabajando.
Con los años, la casa también ha acabado reflejando el cambio de vida de Mascó. Lejos del ritmo constante de vuelos, sesiones y pasarelas, disfruta de un espacio donde predominan la luz, el jardín y la tranquilidad. Más que comprar una propiedad por especulación, utilizó el dinero de una etapa profesional extraordinaria para levantar el lugar en el que quería quedarse. Una decisión que resume bastante bien su filosofía: aprovechar el éxito profesional para construir estabilidad familiar.
