Joan Laporta no solo dispone de una vivienda en S’Agaró. En L’Empordà, el presidente del Barça posee junto a su familia una propiedad mucho más inesperada: una iglesia situada dentro de una masía familiar de notable valor cultural. No se trata, además, de un inmueble restaurado o preparado para vivir, sino de un edificio en estado de semiabandono que necesita una rehabilitación profunda.
La imagen sorprende precisamente por el contraste. Estamos acostumbrados a asociar a las grandes figuras del fútbol con mansiones, apartamentos exclusivos o fincas de lujo, pero en este caso hablamos de un inmueble prácticamente inhabitable. La iglesia conserva su carácter histórico, aunque el paso del tiempo ha dejado una huella evidente y actualmente presenta zonas deterioradas, partes semiderruidas y diferentes pintadas de grafitis.
Una iglesia dentro de una masía familiar
La propiedad pertenece desde hace décadas a la familia de Laporta y forma parte de un conjunto mucho más amplio vinculado al territorio. Su valor no está tanto en el lujo como en la singularidad y en el componente patrimonial. Tener una iglesia privada dentro de una masía es una situación poco habitual incluso entre propietarios de grandes fincas.

El edificio, sin embargo, dista mucho de encontrarse en buenas condiciones. El abandono acumulado ha provocado desperfectos importantes y obliga a plantear una intervención si se quiere conservar correctamente. La intención de la familia sería precisamente rehabilitar el espacio y evitar que continúe degradándose con el paso de los años.
Muy diferente a su refugio de S’Agaró
La propiedad de L’Empordà poco tiene que ver con la vivienda de S’Agaró, asociada a descanso, costa y comodidad. Aquí el atractivo se encuentra en la historia del lugar y en la posibilidad de recuperar un inmueble con personalidad propia, aunque hacerlo requiere inversión y una rehabilitación especialmente cuidadosa por sus características. Laporta tiene así una de las propiedades más curiosas vinculadas a una figura del fútbol español. No es una mansión moderna ni una casa frente al mar, sino una iglesia familiar que lleva años esperando una segunda vida.
El estado actual puede resultar poco atractivo a primera vista, pero precisamente ahí está su singularidad. Mientras su casa de S’Agaró representa la vertiente más conocida de su patrimonio, en L’Empordà conserva un inmueble completamente distinto: una iglesia semiderruida, con valor cultural y una historia familiar detrás que ahora aspira a recuperar.