Gerard Piqué ha explicado que su manera de entender los negocios no parte de una obsesión por ganar dinero, sino por construir proyectos que funcionen. Después de retirarse del fútbol, el exjugador ha multiplicado su actividad empresarial y asegura que el beneficio económico no es el punto de partida de sus decisiones, aunque sí una consecuencia importante cuando una idea consigue consolidarse.
“No hago negocios para ganar dinero, pero el dinero es el reflejo de tener éxito”, ha resumido. Para Piqué, una empresa debe resolver un problema, atraer público y generar suficiente valor para mantenerse. Si todo eso ocurre, los ingresos aparecen después. Por eso rechaza medir una iniciativa únicamente por cuánto factura desde el primer momento o por el dinero invertido inicialmente.
El dinero llega después de construir algo útil
Su visión se acerca a una lógica habitual entre emprendedores: primero hay que conseguir que el producto encuentre una audiencia y después convertir ese interés en un modelo sostenible. Piqué ha aplicado esa filosofía a proyectos relacionados con deporte, entretenimiento y tecnología, sectores donde la atención del público puede tener tanto valor como cualquier activo tradicional.

También conoce el riesgo de confundir popularidad con negocio. Una idea puede generar conversación, llenar redes sociales y atraer espectadores sin ser rentable. Por eso considera que el dinero termina funcionando como una prueba. Si los usuarios están dispuestos a pagar, los patrocinadores quieren asociarse y los inversores mantienen su interés, existe una señal clara de que el proyecto aporta valor.
Competir en los negocios como en el fútbol
Piqué reconoce que conserva una mentalidad competitiva. No entra en un proyecto para participar de manera testimonial, sino para intentar convertirlo en una referencia. Esa ambición procede en parte de su etapa deportiva, donde ganar era una consecuencia del trabajo diario, la preparación y la capacidad para resistir cuando aparecían dificultades.
La diferencia es que en los negocios no existe un marcador al terminar los noventa minutos. El éxito necesita tiempo y puede medirse mediante crecimiento, usuarios, ingresos o capacidad para sobrevivir. Piqué entiende el dinero como uno de esos indicadores, no como el único propósito. Ganar millones sin construir algo duradero no representa necesariamente un triunfo; crear una empresa admirada que pierde dinero indefinidamente tampoco. Su filosofía busca un punto intermedio: desarrollar ideas que le interesen, competir para hacerlas grandes y dejar que la rentabilidad confirme que el mercado también les encuentra sentido. Para él, el dinero no inicia el camino, pero termina revelando si realmente se ha llegado a algún sitio.