Francesc Mauri tiene una recomendación para quienes utilizan toallitas húmedas en el baño: después de usarlas, deben ir a la basura. El meteorólogo insistió en ello durante un taller de sostenibilidad en de Catalunya Ràdio. Su advertencia incluía los mensajes del envase: “Nunca, nunca, aunque lo diga el envoltorio o el supermercado de turno, nunca por el agujero del váter”.
En este sentido, Mauri distinguía entre utilizar el producto y deshacerse de él correctamente. Reconocía que recurría a las toallitas para su higiene personal, pero defendía depositarlas en la fracción resto. El problema empieza cuando tirar de la cadena se convierte en la manera habitual de eliminarlas. Que desaparezcan de nuestra vista no significa que se hayan deshecho ni que hayan dejado de generar residuos.
El envoltorio no evita los problemas en las tuberías
La confusión puede surgir con productos que se presentan como biodegradables o como papel higiénico húmedo. Sin embargo, degradarse requiere unas condiciones y un tiempo que no siempre coinciden con el recorrido por el saneamiento. Un reportaje de 3Cat recogió precisamente esa diferencia: las condiciones utilizadas para evaluar la biodegradabilidad en un laboratorio pueden ser distintas de las que existen en las tuberías y las depuradoras.
De esta manera, una toallita puede seguir entera cuando llega a puntos donde se acumula con otros residuos. El atasco que parecía lejano puede terminar afectando a una instalación doméstica o a la red de alcantarillado. El mismo reportaje documentó una intervención en Roquetes que obligó a abrir una calle para desatascar una conducción. El gesto individual acaba formando parte de un problema mucho mayor.
Un hábito doméstico que también afecta a la comunidad
Mauri relacionó su advertencia con una experiencia cercana: explicó que presidía su comunidad de propietarios y que cada seis meses acudía un camión cuba para hacer mantenimiento preventivo. Vinculaba esas tareas a los materiales que los vecinos arrojaban indebidamente al inodoro. Su ejemplo trasladaba la cuestión al edificio y a unas instalaciones compartidas cuyo mantenimiento también deben asumir los propietarios.
Así pues, colocar una pequeña papelera junto al inodoro facilita cambiar ese hábito sin complicar la rutina. La toallita usada debe depositarse con los residuos correspondientes, en lugar de utilizar el váter como vía de eliminación. La advertencia de Mauri pone el foco en ese último paso: gestionar correctamente lo que usamos en el baño evita trasladar el problema a las tuberías, la comunidad y el entorno.
