Limpiar el polvo puede parecer una tarea rápida, pero si no se hace correctamente, el resultado dura muy poco. Además de dar sensación de suciedad, el polvo acumulado puede empeorar los síntomas de alergia y problemas respiratorios, especialmente en personas sensibles a los ácaros.
Uno de los errores más habituales es empezar a limpiar sin ventilar antes la vivienda. Abrir las ventanas durante unos minutos ayuda a renovar el aire y a reducir las partículas en suspensión. También es importante seguir un orden lógico: limpiar de arriba hacia abajo y hacerlo por estancias completas, evitando ir de una habitación a otra sin terminar.
Un limpiador casero eficaz para eliminar polvo y manchas
Una mezcla sencilla puede ayudarte a mejorar el resultado de la limpieza. Solo necesitas agua caliente, jabón natural y un poco de amoníaco. Al combinar estos ingredientes y aplicarlos con una bayeta de microfibra, conseguirás retirar la suciedad y retrasar que el polvo vuelva a depositarse.
Este preparado puede utilizarse en muebles, puertas, estanterías, persianas, sofás o incluso muebles de exterior. En el caso de tapicerías, conviene pulverizar ligeramente, dejar actuar unos minutos y frotar con suavidad. Siempre es recomendable probar antes en una zona discreta.
Cómo limpiar el polvo paso a paso
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Despeja la habitación. Retira objetos pequeños y deja libres las superficies para trabajar con comodidad.
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Empieza por el techo y las zonas altas. Utiliza un plumero o una mopa extensible para eliminar telarañas y polvo acumulado.
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Continúa por paredes y molduras. Mejor con un paño ligeramente húmedo para atrapar las partículas en lugar de moverlas.
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Limpia los muebles de arriba abajo. Primero las baldas superiores, después mesas y, finalmente, objetos decorativos.
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Termina con el suelo. Aspira insistiendo en esquinas y debajo de los muebles para recoger el polvo que haya caído.
Por qué es importante no dejar que el polvo se acumule
El polvo doméstico está compuesto por restos de piel, fibras textiles, pelo, polen y partículas microscópicas. Entre ellas destacan los ácaros, que proliferan en ambientes húmedos y cálidos, sobre todo en colchones, alfombras y sofás.
Para reducir su presencia, conviene aspirar con frecuencia (mejor con filtro HEPA), limpiar con paño húmedo, ventilar a diario y mantener la humedad controlada. En el dormitorio, usar fundas antiácaros y lavar la ropa de cama con regularidad puede marcar una gran diferencia.
Con una rutina adecuada y siguiendo un orden claro, conseguirás que tu casa se mantenga limpia durante más tiempo y sea un espacio más saludable.