Los expertos confirman que la goma de la nevera suele ser el motivo de que gastes más luz de la que crees

La nevera es uno de los electrodomésticos que más electricidad consume porque está encendida las 24 horas del día. Por eso, cualquier pequeño fallo puede acabar notándose en la factura. Muchos hogares revisan la temperatura, intentan no dejar la puerta abierta demasiado tiempo o cambian la organización interior, pero pasan por alto una pieza muy sencilla: la goma de la puerta. Y los expertos recuerdan que, cuando no sella bien, la nevera trabaja mucho más de lo necesario.

Y es que la goma es la encargada de mantener el frío dentro y evitar que entre aire caliente del exterior. Si está desgastada, sucia, deformada o despegada en alguna zona, el cierre deja de ser hermético. La consecuencia es que la nevera pierde frío poco a poco y el motor tiene que activarse más veces.

Una goma dañada dispara el esfuerzo del motor

La realidad es que una nevera con la goma en mal estado puede parecer que funciona correctamente. La luz se enciende, los alimentos están fríos y no hay una avería evidente. Sin embargo, por dentro el compresor está trabajando más de la cuenta.

onur burak akin gC cKJebRhg unsplash
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De este modo, el gasto eléctrico aumenta sin que el usuario se dé cuenta. El problema no suele aparecer de golpe, sino de forma progresiva. Primero la goma acumula suciedad, después pierde flexibilidad y finalmente deja pequeños huecos por los que se escapa el frío. Hay una prueba muy sencilla para comprobarlo: colocar una hoja de papel entre la puerta y la nevera, cerrar y tirar suavemente. Si el papel sale sin resistencia, puede ser señal de que la goma no está sellando bien.

Limpiar la goma puede ahorrar dinero

No siempre hace falta cambiarla directamente. Muchas veces basta con limpiarla bien con agua tibia y jabón suave, retirando restos de grasa, polvo o comida que impiden que cierre correctamente. Después conviene secarla bien y revisar si recupera el contacto con el marco. Si está rota, endurecida o deformada, lo mejor es sustituirla. Es una reparación mucho más barata que cambiar la nevera y puede mejorar notablemente el funcionamiento del aparato.

Así pues, si la nevera gasta más luz de lo esperado, quizá el problema no está en el motor ni en la temperatura elegida. Puede estar en una goma que ya no cierra como debería. Revisarla, limpiarla o cambiarla a tiempo puede evitar pérdidas de frío, reducir consumo y alargar la vida del electrodoméstico.