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Cesc Fàbregas construyó desde muy joven una carrera marcada por decisiones enormes: dejar el Barça con 16 años para marcharse al Arsenal, convertirse en capitán en Inglaterra y regresar después al Camp Nou. Sin embargo, cuando le preguntaron por el momento más duro de su vida, no eligió ninguna derrota ni un episodio relacionado con el fútbol. La separación de sus padres cuando tenía 14 años fue el golpe que más le marcó. “A día de hoy todavía me sienta mal”, reconoció años después al recordar aquel episodio.

Fàbregas recuerda perfectamente cómo recibió la noticia. Era domingo por la tarde y su padre convocó una reunión familiar poco habitual. Cesc llegó incluso a pensar que iban a comunicarles que su madre estaba embarazada porque, según explicó, hasta entonces todo parecía normal en casa. Cuando su madre anunció finalmente la separación, se quedó completamente bloqueado. “Recuerdo subir a mi cuarto y dar un puñetazo a la pared”, relató.

Tenía 14 años y una vida que consideraba estable

El exjugador ha explicado que aquel cambio familiar le afectó especialmente porque sentía que tenía su vida completamente ordenada. Era uno de los grandes talentos de las categorías inferiores del Barça y estaba absolutamente centrado en convertirse en futbolista profesional. La ruptura de sus padres alteró de golpe aquella sensación de estabilidad. “Era un chico con las ideas muy claras” y aquello, reconoció, le “rompió” parcialmente los esquemas.

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Su hermana reaccionó de otra manera, algo que él mismo ha destacado al recordar aquellos meses. Cesc sentía que ella tenía una mayor capacidad para adaptarse, mientras que para él la nueva situación familiar se convirtió en “un problema muy grande”. Incluso muchos años después aseguraba que seguía siendo una “tristeza recurrente” que no había terminado de superar por completo.

El fútbol se convirtió en su vía de escape

En aquel contexto, el fútbol adquirió todavía más importancia. Fàbregas ha explicado que entrar en un campo era una forma de desconectar de los problemas familiares y recuperar durante unas horas una sensación de normalidad. “El fútbol siempre ha sido una desconexión”, reconoció, definiéndolo como el lugar donde podía olvidarse de aquello que estaba ocurriendo fuera.

Poco después llegaría otro enorme cambio. Con apenas 16 años abandonó Catalunya para incorporarse al Arsenal y comenzar una vida completamente nueva en Londres. Su madre ha reconocido que aquel fue uno de los días más difíciles para ella. Para Cesc, en cambio, el fútbol ya se había convertido en algo más que una profesión futura: también había sido el refugio que le permitió atravesar uno de los episodios más dolorosos de su adolescencia.