Conseguir que las toallas sigan suaves y esponjosas después de muchos lavados no depende de utilizar más productos. De hecho, Begoña Pérez, conocida como La Ordenatriz, recomienda precisamente lo contrario. La experta en limpieza advierte de que el suavizante puede acabar perjudicando este tipo de tejido y resume su alternativa con una frase muy clara: “La secadora es el mejor suavizante”. El objetivo es conservar las fibras sueltas para mantener tanto el tacto agradable como la capacidad de absorción.
El problema del suavizante está en la película que puede ir dejando sobre las fibras. Pérez explica que este producto funciona creando una capa que proporciona una sensación aparentemente más suave, pero que con el tiempo puede apelmazar las toallas y hacer que absorban peor el agua. Precisamente por eso recomienda evitarlo tanto en toallas como en determinados tejidos técnicos. Una toalla puede oler bien y resultar agradable al tacto, pero secar cada vez menos.
La secadora ayuda a separar las fibras
La razón por la que la secadora funciona tan bien es principalmente mecánica. Mientras el tambor gira, las toallas se mueven constantemente y sus fibras se separan durante el secado. Esto ayuda a recuperar ese volumen que se pierde cuando quedan rígidas después de secarse completamente inmóviles. De ahí que Pérez considere que la acción de la secadora puede sustituir al efecto que buscamos utilizando suavizante.
Eso no significa que sea obligatorio utilizarla siempre. Para quienes no tengan secadora, La Ordenatriz también propone alternativas para recuperar unas toallas que ya han quedado ásperas. Uno de sus métodos consiste en utilizar vinagre de limpieza y sal, realizar un programa suficientemente largo y evitar nuevamente el suavizante. El propósito es retirar residuos acumulados y conseguir que las fibras recuperen parte de su flexibilidad.
Los ciclos demasiado cortos tampoco ayudan
Otro error habitual es pensar que las toallas pueden lavarse siempre con programas rápidos. Pérez señala que determinadas prendas, especialmente toallas y sábanas, necesitan ciclos suficientemente largos para que el lavado resulte efectivo. También recuerda que la temperatura debe adaptarse al tejido y seguir siempre las indicaciones de la etiqueta para evitar deteriorarlo innecesariamente.
Por eso, mantener unas toallas agradables durante más tiempo no consiste en llenar el cajetín de productos. Evitar el exceso de suavizante, utilizar un lavado adecuado y favorecer que las fibras se separen durante el secado puede resultar mucho más efectivo. La secadora no añade perfume ni recubre el tejido, pero precisamente ahí está la ventaja que destaca Begoña Pérez: consigue esponjosidad mediante movimiento y aire, sin necesidad de cubrir las fibras con una nueva capa de producto.
