Andrés Iniesta tuvo claro muy pronto qué quería hacer con el dinero que empezaba a ganar como futbolista. Mientras muchos jóvenes podrían haber pensado en coches, relojes o cualquier otro capricho, él prefirió mirar hacia Fuentealbilla, el pueblo en el que había crecido y donde su familia mantenía una estrecha relación con el campo y el vino.
Con su primer contrato importante en el Barça ayudó a ampliar el viñedo familiar. Años después, cuando le preguntaron directamente si nunca había tenido la tentación de comprarse un Ferrari, su respuesta fue sencilla: "No". Para Iniesta, destinar aquel dinero a la tierra tenía una carga emocional que iba mucho más allá de una inversión económica.
El dinero del fútbol terminó regresando a Fuentealbilla
La historia del proyecto familiar había empezado antes. En los años 90, su padre, José Antonio Iniesta, plantó alrededor de diez hectáreas de viñedo con la ilusión de producir algún día su propio vino. La carrera de Andrés terminó permitiendo que aquella idea creciera hasta convertirse en un proyecto mucho más ambicioso.
Iniesta siempre ha explicado que el vino formaba parte de la vida cotidiana de su infancia. De pequeño participaba incluso en la recogida de la uva y conocía de cerca una tradición muy presente en La Manchuela. Por eso, cuando empezó a disponer de recursos, prefirió invertirlos en algo que conectaba directamente con su familia y sus raíces.
De un pequeño viñedo a una bodega familiar
El sueño terminó tomando forma en 2010 con la apertura de Bodega Andrés Iniesta en Fuentealbilla. Con los años, el proyecto amplió considerablemente su superficie de viñedo y desarrolló diferentes vinos vinculados incluso a nombres y momentos importantes de la familia. El propio Iniesta nunca ha presentado la bodega únicamente como un negocio. Ha hablado de ella como una mezcla de romanticismo y empresa: existe cariño por la tierra, pero también la necesidad de conseguir que el proyecto sea sostenible.
Ese primer dinero explica bastante bien su manera de entender el éxito. Antes de grandes lujos, Iniesta eligió reforzar algo que ya existía antes de que se convirtiera en una estrella mundial. El fútbol lo llevó muy lejos de Fuentealbilla, pero una parte de sus primeros ingresos hizo exactamente el camino contrario: regresó al pueblo, se transformó en viñedos y terminó ayudando a construir uno de los proyectos familiares más reconocibles de su vida fuera del terreno de juego.
