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Amancio Ortega es hoy uno de los empresarios más ricos del mundo, pero su infancia estuvo marcada por una realidad completamente distinta. El fundador de Inditex creció en una familia trabajadora, con un padre ferroviario y una madre dedicada al hogar, en unos años en los que el dinero apenas alcanzaba para cubrir las necesidades básicas. Entre todos los recuerdos de aquella etapa hay uno que él mismo ha señalado como especialmente duro.

El episodio ocurrió cuando Ortega tenía alrededor de 12 años y vivía en A Coruña. Acompañó a su madre, Josefa, a una tienda de ultramarinos y escuchó cómo el propietario le decía que ya no podía seguir fiándole. Años después, el empresario explicó lo que significaba aquella frase para ellos: “Eso quería decir que nos íbamos a la cama sin cenar”. El recuerdo fue recogido por La Razón y también aparece en la biografía autorizada escrita por Covadonga O'Shea.

Una escena que marcó su forma de entender el trabajo

Ortega recordó que el mostrador era tan alto que ni siquiera podía ver bien a la persona que hablaba con su madre, pero sí entendió perfectamente lo que estaba pasando. Aquella falta de dinero le impresionó hasta el punto de relacionarla con una decisión muy temprana: empezar a trabajar cuanto antes para ayudar en casa.

Imagen de archivo de Amancio Ortega | Europa Press

Poco después dejó los estudios y entró a trabajar como chico de los recados en una camisería de A Coruña. A partir de ahí comenzó a conocer desde dentro el funcionamiento del sector textil, primero en pequeños comercios y después creando sus propios proyectos. Ese aprendizaje terminaría siendo la base de lo que años más tarde se convertiría en Zara y, posteriormente, en Inditex.

De una familia con dificultades a levantar un imperio

La distancia entre aquella infancia y su situación actual es enorme. Sin embargo, Ortega ha mantenido siempre ese recuerdo como una de las imágenes que mejor explican su obsesión por trabajar, ahorrar y construir una estabilidad económica que su familia no tenía.

No se trata solo de una historia de pobreza convertida en éxito empresarial. Lo más potente del relato es el momento concreto: un niño escuchando que en su casa ya no podían seguir comprando comida a crédito. Mucho antes de las grandes tiendas, las inversiones inmobiliarias y la expansión internacional, hubo una familia que tenía dificultades para llegar a final de mes. Y Ortega nunca ha olvidado aquella frase porque, según ha contado, fue una de las primeras veces que entendió de verdad lo que significaba no tener dinero.