Alejandro Sanz ha hablado con claridad sobre el episodio de depresión que lo obligó a frenar y revisar la relación que mantenía con su carrera. Durante años había construido una identidad pública basada en rendir, cumplir expectativas y sostener una imagen de éxito constante. El problema apareció cuando esa exigencia terminó ocupando más espacio que sus propias necesidades personales.
“Todo era ser el mejor Alejandro Sanz posible y así me olvidé de Alejandro Sánchez”, explicó. Su nombre artístico, convertido durante décadas en una marca reconocible, acabó representando obligaciones que parecían no detenerse nunca. El cantante admite que vivía pendiente de responder a lo que otros esperaban, mientras dejaba en segundo plano el descanso, los límites y su bienestar emocional.
La presión de sostener siempre al personaje
Sanz ha explicado que durante meses sintió una especie de agujero en el pecho y dejó de levantarse con el buen humor que lo había acompañado normalmente. La ruptura sentimental que atravesó entonces se sumó a una acumulación de decisiones y hábitos que llevaba años arrastrando. Él mismo describió aquella mezcla como un “cóctel molotov” que terminó explotando.

En mayo de 2023 decidió compartir públicamente que estaba triste y cansado. El mensaje generó preocupación inmediata entre seguidores, amigos y medios de comunicación. Después comprendió que aquella exposición también había servido para aceptar que existía un problema. En lugar de seguir fingiendo normalidad, comenzó a poner límites y a trabajar de una manera mucho más consciente sobre su salud mental.
Recuperar a Alejandro Sánchez antes que al artista
Una de las principales conclusiones que extrajo fue la necesidad de diferenciar a la persona del personaje. Alejandro Sanz podía seguir haciendo discos, conciertos y entrevistas, pero Alejandro Sánchez necesitaba espacio para equivocarse, descansar y no estar permanentemente obligado a demostrar nada. El éxito profesional había terminado convirtiéndose en una medida demasiado dominante de su propio valor.
Con el tiempo, asegura que volvió a encontrarse mejor y recuperó la ilusión por la música, aunque ya desde otro lugar. También aprendió la importancia de rodearse de personas que lo quieran, evitar el aislamiento y asumir que no siempre estar bien es normal. Su reflexión resume un conflicto habitual en quienes viven sometidos a expectativas constantes: cuando toda la energía se dedica a mantener la versión que los demás esperan, la identidad personal puede quedar olvidada. Sanz necesitó detenerse para entender que cuidar al artista también exigía empezar por cuidar a la persona que existía antes de los escenarios, los premios y la fama.