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Aitana Bonmatí creció jugando al fútbol en un entorno en el que ser niña todavía significaba ser una excepción. Cuando empezó, con apenas seis o siete años, era la única chica de su equipo y prácticamente también del club. Aquella diferencia, que hoy puede parecer anecdótica viendo todo lo que ha conseguido, condicionó buena parte de su infancia y la obligó a convivir con situaciones que fueron mucho más allá de una simple rivalidad deportiva.

“He tenido muchas peleas por el hecho de ser una mujer. Desde insultos hasta llegar a las manos”, explicó la futbolista al recordar sus primeros años. Muchas de esas situaciones ocurrían en el patio del colegio, donde jugar al fútbol siendo niña todavía podía convertirse en motivo de burla o enfrentamiento. Aitana reconoce que tenía carácter y que aquello terminó endureciéndola, aunque entonces no resultara nada sencillo.

Ser la única niña significaba tener que demostrar más

Durante aquellos años, sus referentes eran Xavi, Iniesta y el Barça de Guardiola. No tenía prácticamente futbolistas mujeres en las que mirarse porque el fútbol femenino apenas tenía visibilidad. Esa ausencia de referentes hacía todavía más evidente la sensación de estar entrando en un espacio que socialmente seguía considerado masculino.

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La propia Aitana ha explicado que fue construyendo una especie de coraza. En otra entrevista recordó que su infancia no fue fácil precisamente porque era la única niña dentro de aquel mundo y que tendía a guardarse dentro las peleas y los insultos que recibía. Con el tiempo aprendió a transformar aquellas experiencias en fortaleza competitiva.

Hoy aquellas peleas forman parte de otra época

La dimensión que ha alcanzado su carrera hace que el contraste sea enorme. El mismo campo en el que empezó a jugar terminó llevando su nombre, una imagen que para ella simboliza hasta qué punto ha cambiado su vida y también el lugar de las mujeres dentro del fútbol.

Aitana explica ahora aquellas peleas como anécdotas, pero no las minimiza. Forman parte de una generación que todavía tuvo que abrirse camino en condiciones muy distintas a las actuales. Su historia permite entender que detrás de los títulos y el reconocimiento hay también una niña que tuvo que aprender muy pronto a defender algo tan sencillo como su derecho a jugar al fútbol.