Tal día como hoy del año 1926, hace 95 años, en villa Denise, comuna de Prats de Molló (Vallespir), y en el campo clandestino de instrucción militar de Sant Llorenç de Cerdans (Vallespir), la Gendarmería francesa detenía a Francesc Macià y a un grupo de personas que preparaban una operación militar destinada a promover y generalizar una revolución libertadora en Catalunya. Poco después, caerían varios grupos de apoyo logístico de aquel movimiento en París y en Tolosa de Languedoc, que correrían la misma suerte que Macià. En total, la Gendarmería francesa detuvo a 129 personas. La justicia francesa dictó la expulsión de Francia de 112 de los detenidos y el traslado a París y la instrucción de un juicio de los diecisiete restantes. Aquel episodio sería denominado "hechos de Prats de Molló".

Se ha debatido mucho sobre el verdadero propósito de aquella operación. Algunos historiadores afirman que Macià no quería iniciar el operativo si no contaba con un mínimo de 500 hombres. Pero que las disputas internas lo habrían obligado a avanzar las previsiones. Según estos historiadores, cuando se produjo la desarticulación de aquella operación, faltaban pocos días para que aquel pequeño ejército iniciara sus movimientos. Pero, en cambio, los hechos inmediatamente posteriores apuntan claramente hacia otra dirección. Y parece que el verdadero propósito de Macià era culminar la labor de internacionalización de la reivindicación independentista catalana (iniciada en 1923) con un operativo que buscaba más una gran repercusión mediática y política que un éxito militar inmediato.

El hecho es que la detención y juicio de París (noviembre, 1926 – enero, 1927) ocupó, durante semanas, las principales portadas de prensa de Europa. En aquel juicio, Macià liberó de toda responsabilidad a sus colaboradores y asumió en solitario todas las consecuencias. A partir del juicio de París, que se resolvió con una condena simbólica, Macià empezaría a construir la naturaleza mítica de su figura política, que, pasados tan sólo tres años, lo convertiría en el candidato más votado en las elecciones municipales de 1931 (los primeros comicios después de la dictadura de Primo de Rivera, 1923-1930), cosa que lo legitimaría para restaurar la Generalitat (proscrita por el régimen borbónico desde 1714) y convertirse en su presidente (1931-1933).