Franco fusila al falangista que trabajaba para Hitler

Tal día como hoy del año 1942, hace 84 años, en Bilbao, un pelotón militar del régimen franquista fusilaba al falangista Juan José Domínguez Muñoz, que, dos semanas antes (16 de agosto de 1942), había lanzado una granada de mano contra una concentración de carlistas en la puerta de la Basílica de Begoña, en la capital vizcaína. Como resultado de aquel ataque, resultaron heridas de diversa consideración unas setenta personas, una de las cuales sería el general José Enrique Varela Iglesias, uno de los máximos mandos de la rebelión militar de 1936 y del bando franquista durante la Guerra Civil (1936-1939) y uno de los jefes de la facción carlista del Movimiento.

Hitler había dicho, en privado, que la España de la posguerra civil estaba secuestrada por los religiosos y los monárquicos y Franco sospechaba que, con la colaboración de los elementos más filonazis del Gobierno franquista —como el ministro Serrano-Suñer—, había un plan en marcha urdido por Berlín que pretendía relevarle del poder. Aunque esta información no había trascendido de los cenáculos de poder, la tensión se había proyectado hacia las calles y se vivía un clima de preguerra civil entre falangistas filonazis y carlistas monárquicos y tradicionalistas que explicaría el atentado falangista de Begoña contra la concentración carlista.

Franco, que despreciaba de la misma forma a falangistas (desconfiaba de su proyecto social-revolucionario) y carlistas (detestaba a los Borbones, tanto a Juan —hijo del difunto Alfonso XIII— como al pretendiente carlista Francisco Javier), lo vio como un episodio más de aquella rivalidad cainita. Pero no desaprovechó la ocasión para debilitar a las dos facciones: cesó, al mismo tiempo, al ministro falangista Serrano-Suñer y al ministro carlista Galarza, y, a pesar de la petición de indulto para Domínguez Muñoz que le formuló el arzobispo de Madrid, dictaría su pena de muerte y, reveladoramente, proclamaría: "Tendría que condecorarle, pero le tengo que fusilar". Muy reveladoramente, el mismo día que sería fusilado, el gobierno nazi de Hitler le concedería la Cruz de la Orden del Águila Alemana.